Crónica | Cara y cruz de A Peregrina Los festejos de Pontevedra no sólo son un reclamo para miles de turistas y vecinos, también acercan a la ciudad a todo tipo de delincuentes
15 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Diez menos diez de la noche. Es jueves y toca concierto de Mikel Erentxun en A Ferrería. Las calles son un hervidero de gente. En distintos puntos estratégicos de la Michelena, sentados en el suelo o en el acceso a los portales, se encuentran repartidos un numeroso grupo de sudamericanos. Junto a ellos. Grandes macutos y carritos de la compra llenos hasta reventar. Comienza el concierto del ex de Duncan Dhu. Donde antes había macutos y carros de la compra, ahora se han desplegado mantas y sábanas sobre las que descansan mercancías para su venta. Caminar por la Michelena es como adentrarse en un enorme bazar. La gente se agolpa. Pregunta precios -el arco con flechas cuesta diez euros y una tortuguita una quinta parte-. Busca la ganga. ¡Oh, sorpresa! Todos los puestos tienen los mismos precios. Es el oligopolio de las fiestas. En A Ferrería, Erentxun arrasa. Reina Victoria y Alameda son un continuo discurrir de personas. La zona monumental, otro tanto. Poco antes de que termine el espectáculo de Mikel Erentxun una patrulla de policías locales pone orden en Michelena y los mercaderes recogen sus bártulos y a esperar a otro día. Su relevo lo toman artistas callejeros. Maestros en el arte de conjugar la comedia con el malabarismo. En algunos momentos, un espectáculo puede llegar a congregar a varios cientos de espectadores. Esta es, a grandes rasgos, la cara de las Peregrinas. El problema es que los festejos son un reclamo sin igual para todo tipo de delincuentes. Desde principios de mes, Pontevedra registra aproximadamente un asalto a una vivienda por día. Al parecer, el último ocurrió en la madrugada de ayer. Fue en un vivienda de Campolongo y los amigos de lo ajeno se llevaron, entre otros efectos, un ordenador y una tarjeta de crédito, con la que al día siguiente se abonó una compra por más de 30 euros, según trascendió. Los conciertos, procesiones y demás actos multitudinarios son otro punto conflictivo. La multitud es el mejor escondrijo para los carteristas. Los robos son constantes y la policía sospecha que muchos sucesos no son denunciados por el cansancio de las víctimas: la mayoría de las veces se trata de casos sin solución y cuando alguno es resuelto, el denunciante se encuentra conque casi siempre el ladrón es insolvente. Ni siquiera, los vendedores ambulantes se salvan. Un menor fue detenido el jueves por el supuesto hurto de varios collares y abalorios a un mercader sudamericano. ¿Y los robos en coches? Son incontables. La policía no suele hallar indicios o huellas que permitan identificar al autor de las sustracciones. Lo dicho, cara y cruz de una misma moneda: las fiestas de A Peregrina de Pontevedra.