El Carabela, el Lusitana y el Blanco y Negro son los tres establecimientos que más cotizan al Concello por la instalación de mesas y sillas en los espacios públicos
21 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?a peatonalización y el ensanche de aceras han favorecido en los últimos años la proliferación de terrazas en calles y plazas del centro histórico y del resto del casco urbano. Espacios recuperados para el uso ciudadano, donde antes no era posible la instalación de veladores, se han ido poblando de mesas, sillas y sombrillas. Curros Enríquez y otras plazas del la zona monumental, junto con la Oliva, la Michelena, la Glorieta de Compostela, la plaza de San José y su prolongación de Salvador Moreno o la plaza de la Libertad, compiten con las terrazas más tradicionales de los cafés del entorno de A Ferrería, Las Palmeras o la Alameda. Esta proliferación es constatable en el padrón fiscal de veladores de bares registrados por el Ayuntamiento. En 1997 y 1998 había 48 terrazas declaradas; en 1999 subieron a 52; en el 2000, a 68; y en el 2001 y 2002 llegaron al centenar. Sin embargo, esta ocupación lucrativa de espacios públicos con mesas y sillas no reporta al Concello grandes ingresos. La administración local prevé recaudar este año por tasas 58.788 euros. Y eso que la modificación de la ordenanza fiscal permitió triplicar los ingresos con un mayor control y el considerable incremento del número de hosteleros declarantes. La administración municipal simplificó la autorización de veladores aplicando tasas anuales, en lugar de diarias. Los bares pagan en función del número de mesas y de la categoría de la calle o plaza en la que se ubican. Aunque el auge de las terrazas se produce en la campaña de primavera-verano, la tasa anual les permite utilizarlas cualquier día del año. El Carabela, que tiene el uso exclusivo como terraza de la plaza de la Estrella es el que más cotiza, con 4.000 euros al año. Le sigue el Café Lusitana, un local de concesión municipal, que paga unos 3.000 euros, y en tercer lugar está el Blanco y Negro, con unos 2.500. Batalla contra el plástico En el aspecto urbanístico la situación ha mejorado, aunque persiste la batalla contra los materiales plásticos y la publicidad en los veladores. Algunos establecimientos se muestran sensibles a la hora de elegir el mobiliario de sus terrazas, pero otros obvian la normativa existente al respecto. La ordenanza establece, por ejemplo, que en el centro histórico ha de utilizarse la madera o el mimbre, y las marcas comerciantes en mesas, sillas y sombrillas están prohibidas en toda ciudad. El fraude también existe a la hora de colocar más mesas que las realmente declaradas o autorizadas por el Concello en función del espacio disponible. Y se dan algunos casos de abuso, en los que las terrazas de los bares llegan a invadir totalmente los espacios supuestamente ganados para el peatón en la reciente reforma urbana.