Un «vecino» que nunca descansa

Critina Barral CALDAS DE REIS

PONTEVEDRA

Residentes afectados por la actividad de la fábrica de la avenida Doña Urraca se quejan de la ineficacia de las medidas correctoras comprometidas por la firma

10 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

«Es como meterse un calamar con una ballena». Así resume Ramón Millán, un jubilado de 65 años residente en el número 87 de la avenida Doña Urraca de Caldas, la lucha vecinal contra los ruidos y otras molestias procedentes de la fábrica Foresa. Cuando hace nueve años dejó definitivamente Alemania -país donde trabajó como soldador durante décadas- para instalarse en su casa nunca imaginó lo que le esperaba. Estrés, insomnio, irritabilidad o depreciación de la vivienda son algunos de los efectos que citan varios de los veinte afectados. El caso de Millán Martínez y su mujer, Lucrecia Muñiz, no es el único, aunque sí uno de los más significativos dada la proximidad de su vivienda a la factoría de Finsa. «Todos los vecinos de esta zona tenemos el problema, unos lo sentimos más y otros menos, lo que pasa es que yo tengo menos paciencia».La convivencia con la actividad de Foresa se convirtió en una tortura diaria para esta y otras familias a raíz de la última ampliación de la planta para almacenar materias primas. «Desgraciadamente uno se acostumbra a vivir con los ruidos, las vibraciones, el mal olor y hasta el picor de ojos. Personalmente, estoy resignado, pero no derrotado», subraya Ramón Millán.Los afectados de Doña Urraca y As Carballas insisten en que no tienen nada en contra de la fábrica, lo único que reclaman es que se respete su derecho al descanso y que Foresa ponga en marcha supuestos compromisos adquiridos para mitigar las molestias. Pendientes de una reunión con directivos de la firma, más de uno admite que la situación no ha mejorado.Millán Martínez enseña varias actas de comprobación de ruidos procedentes de los motores y depósitos de Foresa tramitadas el pasado año por la policía local. «El alcalde dice que antes de denunciar hay que medir y eso es algo que ya hicimos. Lo que pasa es que él apoya a la empresa, dice que está todo en regla y no vamos a estar llamando todos los días». En una de las mediciones, realizada el 5 de noviembre a las 22.50 horas, el sonómetro registró en el comedor de su vivienda 34.7 decibelios y 38.5 en el hall de entrada -según la ordenanza municipal, en el interior el límite es de 35 para la franja horaria de 22 a 8-; mientras que en la parte posterior de la casa se alcanzaron los 57.5 -el límite en el exterior es de 60 decibelios-.«Es un ruido continuo, que se incrementa, pero que no descansa nunca. Lo lógico hubiera sido ubicar los depósitos en el medio de la fábrica y las naves en el frente y no al revés como hicieron», se lamenta este hombre que bromea recordando que en un reciente viaje a Alemania «aún tenía el ruido en los oídos».