?o suyo es pura pasión carnavalesca. José Manuel Brea no ha dejado escapar un año sin ponerse la careta y sin llorar por el renacido Ravachol. Incluso se plantea acudir a tono con la fiesta a la presentación de su libro sobre el entroido pontevedrés, un acto que tendrá lugar el día 20 en el Café Moderno. Brea fue uno de los principales artífices de la recuperación del carnaval en el año 84, y desde entonces ha apuntado fielmente año tras año multitud de anécdotas, pregones y observaciones, que ha recogido en su obra, cargada también de ese tono burlón que despide la fiesta. Lo que algunos quizá desconocen es que el entroido tal y como lo conocemos hoy tiene su origen en la tragedia de la discoteca Alcalá 20 de Madrid. En aquel momento, los propietarios de las salas de fiesta pontevedresas, donde se celebraban los bailes, se mostraban temerosos ante un posible cierre por el incremento de las medidas de seguridad. Un grupo de profesionales, recuerda Brea, se juntó y decidió crear una comisión, que pronto se «oficializó» cuando se pidió ayuda al Concello, que puso todo su empeño en devolver la fiesta a la calle. En el año de debut se celebraron dos desfiles «porque decidimos que en el segundo daríamos los premios, así garantizábamos la presencia de los grupos». Contra todo pronóstico de sus promotores, la iniciativa resultó un fabuloso éxito. «Nos desbordó el primer desfile y para locos fue el segundo». A ello sin duda contribuyó la campaña en los medios de comunicación «y que durante semanas estuvimos paseando un coche con la canción de Georgie Dann Carnaval Carnaval en megafonía». «Además, fue toda una negociación con grupos de Cangas, Moaña... que dio un buen resultado», añade.El año siguiente llegó Ravachol y en el seno de la comisión se produjeron las primeras discrepancias. «Hubo quien decía que no tendría éxito, así que hoy ese pitoniso mejor que se dedique a adivinar la Primitiva», bromea.Los tres primeros años fueron un boom, comenta el autor del libro, «después vino la eclosión y luego se ha estabilizado con un nivel alto hasta caer en la monotonía». Por eso Brea aplaude la decisión del Concello de retomar la celebración. «No se puede vivir del recuerdo de veinte años, habrá cosas que tienen que desaparecer y traer otras nuevas -matiza-. Me parece muy bien que se intente recrear el espíritu del entierro de Ravachol a principios de siglo. Y es que había que ver en los primeros años cómo iba la gente. No con afán de señoritismo, sino con elegancia. Era un lujo ver los trajes de las señoras, las mantillas bordadas, los trajes de caballero con olor a alcanfor...».De lo que se siente más orgulloso es de que el entroido pontevedrés haya roto fronteras. «Ha trascendido más de lo que esperábamos. Me llegan cartas de gente pidiendo información e incluso desde una universidad extranjera reclamaron material para una tesis sobre el carnaval en la calle y Ravachol», señala.Precisamente, escribir otro libro sobre el símbolo del entroido es ahora su reto. La idea es publicarlo en el 2004, cuando el loro cumpla también sus 20 años.