Jornada de llamadas y adhesiones quebrantables

A. Castroverde PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

Es posible que, desde los tiempos de la descomposición de UCD, la provincia no haya vivido una jornada políticamente tan tensa como la de ayer. El cese de Cuíña, presidente provincial del partido y ex presidente de la Diputación, conmovió a la clase política que se apresuró apagar el móvil -había que evitar definirse- y a llamar por los fijos para ver qué estaba pasando. La pregunta era la misma en casi todas las conversaciones: ¿se rompe o no se rompe el PP? ¿se une Abeledo a Baltar y Cacharro en un eje cuiñista o todo se queda como está?Muchos de los políticos que se hicieron estas preguntas tal vez se hayan ido a la cama sin poder responderlas. Es posible que no sepan durante semanas o meses qué va a pasar si es que va a pasar algo. Lo que sí tenían claro anoche, antes de conciliar el sueño, es que ayer no hubo ruptura en Pontevedra. Lo único que hubo fueron movimientos de fichas. El más contundente fue tal vez el del presidente de la Diputación, Manuel Abeledo: apoyo sin reservas a Cuíña y coincidencia con su proyecto de centro y galeguista desde el principal feudo político del fallecido.Pero este movimiento de ficha venía precisamente a aclarar, al menos por lo que atañe a este fin de semana, la duda que flotaba en el ambiente. De romper, por ahora, nada. Por si había alguna duda, Abeledo partió ayer rumbo a la convención que el PP debe celebrar hoy en Madrid. Parece ser que en el cónclave madrileño podría encontrarse con su colega de Ourense, José Luis Baltar, dos presencias muy reveladoras del tono de sosiego que el cuiñismo quiere.Hubo en la reacción del titular de la Diputación una distancia calculada, un asiento a mitad de camino entre la tranquilidad y la intranquilidad. Si el viaje a Madrid daba tranquilidad a quienes apuestan por la continuidad del PP, el hecho de que la postura se fijase en un comunicado, sin responder a las preguntas de los informadores, abría un amplio margen para la incertidumbre.¿Qué pasaba en la escalera? ¿Subimos o bajamos? Un hombre próximo a los alcaldes que apoyan a Cuíña lo decía ayer en la clave enigmática propia del país: «De momento, tranquilidad: luego, esperar y ver».Eran las horas en las que Abeledo se consolaba con Juan Luis Pedrosa en el despacho del Pazo Provincial que mira a la avenida de Montero Ríos. A 60 kilómetros de distancia, el presidente provincial del partido, Rafael Louzán, se esforzaba en estabilizar la situación y en apaciguar ánimos. También en seguir la crisis al minuto con la intención de que la provincia no perdiese carteras en la Xunta.Por el medio, hay que anotar un sinfín de llamadas, recomendaciones y adhesiones, en su mayor parte absolutamente quebrantables, naturalmente en la dirección que más sople el viento ganador.