Los escultores Manuel Collazo y Manuel Fandiño instalarán el jueves una nueva figura en la fuente de la glorieta de Compostela, además de la niña restaurada
28 oct 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Tres no son multitud Éramos dos y ahora... tres ¡y el roedor!. En la glorieta de Compostela se formará en los próximos días una nueva pandilla escultórica. Este jueves, los canteiros Manuel Collazo y Manuel Fandiño reinstalarán la figura que había sido destrozada en un acto vandálico el pasado mes de septiembre, pero la niña no viene sola, sino con una amiga. «Como la imagen que se restauró quedó un poquito débil, nuestra idea fue adosarle algo -explicó ayer Manuel Collazo a RadioVoz Pontevedra-. Al principio, queríamos ponerle una mochila y el arquitecto Jesús Fole nos dio la idea de poner otra figura». La nueva amiguita estará sentada delante de la restaurada, con una base más sólida. Eso sí, parece que su expresión es de enfado o disgusto. «No sé -dice Collazo-. Será por lo que le hicieron a la otra, que le da pena». ¿Puede ser que haya transmitido el enfado de los autores de la obra? «Puede ser...». Con un aro Pero hay más sorpresas. La primera de las niñas se ha traído un hula-hop metálico que irá anclado al suelo y a la propia figura (parece que además la escultura se reinstalará unos metros por delante de su viejo compañero, en medio de los chorros de agua, para dificultar nuevas agresiones). Asimismo, se ha reforzado su interior con acero inoxidable y en su base lleva tres puntos para adosarla al suelo. «A ver si esta vez -señaló Collazo- no tenemos una desgracia. Ahora están mucho más sólidas y reforzadas». Instalación Los escultores piensan instalar las dos figuras en la tarde del próximo jueves. Tanto Collazo como Fandiño, que tienen su taller en Vilalonga, son discípulos de Alfonso Vilar, autor entre otras obras, del Monumento al Soldado de Pontevedra o la famosa Madama de Silgar de Sanxenxo. Sus trabajos incluyen sobre todo cruceiros, escudos, fuentes o barbacoas de piedra -«todo lo que pide el mercado»-, por lo que agradecen siempre encargos como el del Concello pontevedrés, que se salen de lo habitual. Aunque también hay hueco para la extravagancia. La petición más llamativa -por así llamarla- que han tenido fue una réplica de la escalera del Pazo de Meirás, encargada por una familia de Ferrol para su casa. También reciben pedidos de veraneantes de Madrid, Salamanca o Alicante, que se quedan prendados de sus esculturas cuando las ven en el taller.