Marín festeja por todo lo alto a su patrón con la representación de uno de sus bailes más tradicionales. Las espadas volverán a encerrar simbólicamente al demonio.
28 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Un grupo de entusiastas marinenses es el encargado de mantener una de las tradiciones folclóricas más antiguas del municipio: la Danza das Espadas. El papel del director de este baile es fundamental porque sirve de guía al resto y marca el compás de los diferentes movimientos. -¿Cuánto tiempo hace que baila por San Miguel? -Más de veinte años. -¿Y por qué comenzó a hacerlo? -Por mi abuelo, señor Millís como lo conocían en Marín. Él es quien llevaba la danza antes y empecé con él. Y ahora mi hijo ya comenzó a bailarla también. -¿Desde cuándo guía los movimientos? -Desde que mi abuelo lo dejó. Hará unos diez años. -¿Cómo ha visto evolucionar la danza? -Antes había más gente mayor. Ahora hay muchos jóvenes y niños porque los mayores trabajan. Este año somos tres grupos del Ateneo, con unas 90 personas. Y también están los veteranos. -¿Ha cambiado el baile en estos años? -Sigue siendo el mismo. Al menos desde que yo la recuerdo con una hilera de hombres y otra de mujeres. -¿Y qué opina sobre que se hubiese levantado el veto a la mujer en este baile eclesiástico? Antes no podían hacerlo. -Sin la participación de las mujeres no se bailaría la danza esta mañana. No hay suficientes hombres y hace tiempo que tuvieron que incluir a las mujeres para seguir la tradición. -¿Qué requisitos hay que tener para formar parte de los grupos? -Se exige un mínimo de ocho años de edad. Siempre se coge a todos los niños que se presentan porque son pocos y suelen ser los imprescindibles. Con las niñas es diferente, porque hay más y se eligen según su antigüedad y su orden en la lista. -Con tanta gente ensayando, ¿puede usted con todos los grupos? -No. Este año tuve la ayuda de Lita Veiga Castro para preparar a los bailarines más pequeños. -¿Teme que el baile de cintas haga competencia a las espadas? -No creo. Pienso que el Ateneo podía hacer que la danza de las cintas se bailase por la patrona, la virgen del Puerto, que pasa mucho más desapercibida y ese baile le daría un mayor lucimiento a la jornada.