Apagones

| RICARDO MARTÍN |

PONTEVEDRA

PLAZA PÚBLICA

16 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

EL ASCENSOR se detiene, las farolas no alumbran, el partido de fútbol sólo se ve en el estadio, el ordenador, como mínimo, te mete un buen susto... Cada vez que ocurre, el sentir general convierte el apagón en algo tan cotidiano como indignante. Lo primero es posible que tenga cierta carga de injusticia, porque en esto los tiempos también han cambiado, pero las molestias y perjuicios que provoca una caída de corriente, es decir, la dependencia social de vatios y amperios, ha vivido una progresión aparentemente mucho más geométrica que la implicación de la compañía eléctrica en el progreso de sus servicios. Impresiones al margen, el pasado sábado, mientras media Pontevedra esperaba a oscuras y pedía información a la Policía Local, Fenosa se aplicaba en solucionar una avería sin ser capaz de dar una explicación del incidente. Ayer volvió la oscuridad, pero todo estaba más claro: había tormenta. Y cuando cae, ya se sabe...