Se daba el pistoletazo de salida a la redacción de una nueva Constitución, que dejaría en el baúl de los recuerdos, o de los horrrores, a las leyes franquistas, una de las cuales decía aquello de «El Jefe sólo responde ante Dios y ante la Historia». Los siete miembros de la ponencia, conocidos como «padres de la Constitución», eran José Pedro Pérez Llorca, Miguel Herrero de Miñón, y Gabriel Cisneros (por la UCD), Gregorio Peces Barba (PSOE), Jordi Solé Tura (PCE), Miguel Roca (Convergencia) y Manuel Fraga (Alianza Popular). Se echaba en falta un miembro del PNV, aunque parece que se intentó pero ellos pusieron condiciones. De aquellos, sólo permanecen hoy dos (Cisneros y Fraga) en la política activa, e incluso alguno ha fallecido (Pérez Llorca). Todos se hicieron buenos amigos y cada uno puso su grano, o carro, de arena. Quizás fuese Fraga el que más destacó, por su conocimiento de las constituciones de otros países. La prensa apuntaba que si triunfaba la voluntad de socialistas, comunistas y convergentes el contenido sería progresista, y que si predominaban las ideas ucedistas y populares tendría un tono centrista y democrático.