Hora de bocata y discusión en una calle de Pontevedra. «¿Cincuenta quilómetros? ¡Eu xa marchei dar masa ás Canarias, e eso está bastante máis lonxe que Caldas de Reis!», brama un joven obrero, que no ve inconveniente ninguno en la reforma que pretende introducir el Gobierno en el desempleo. «Xa, pero ti es un chaval e non tes muller nin cativos», le replica un veterano, Estrella Galicia en mano. «Moita vagancia, éche o que hai», responde el más joven mientras mastica. María, con indolencia, pasa por encima de un lector óptico productos de alimentación en la caja de un supermercado. «Esto es lo más puteado que te puedas imaginar. Trabajamos prácticamente todo el día», se queja en voz extremadamente baja. No sabe si hará huelga: «Habrá que preguntarle al encargado», comenta con inocencia, mientras hace gestos enérgicos para que los clientes pasen un poco más rápido y desatasquen la salida. «¡Claro que me interesa o da reforma do paro! Que te cres ti que vou estar eu aquí nun par de meses», ironiza Miguel, camarero en un bar del centro de Pontevedra. Se le acaba el contrato, dice, y ve difícil que se lo renueven. «Por esta casa pasan máis currantes que entrenadores no Atleti», dice. Se le ve seguro de sí mismo: «Se me botan, dígoche eu que en quince días teño outro traballo, de camareiro ou do que sexa. Ademáis, en verán sempre hai máis oportunidades», asegura, y apostilla: «O que pasa é que a xente non quere currar de calquera cousa». Pero, ¿no le gustaría tener un trabajo que le permita mirar más allá de los próximos seis meses? «Pois si, pero isto é o que hai».