El fiscal pide que le retiren el carné dos años y medio Alfonso P.D. negó ayer en los Juzgados de A Parda la versión de la Guardia Civil. Esto es rechazó que la tarde del 16 de febrero del año pasado hubiese atropellado con su furgoneta a una vaca en las proximidades de Ponteareas. Según su relato de los hechos fue la propia res quien arrolló al vehículo saltando sobre su carrocería cuando lo había estacionado en el arcén de la nacional 120.
07 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Con un tono entre ininteligible y farragoso, Alfonso P.D. aseguró ayer que sobre las ocho de la tarde del 16 de febrero del 2001 estacionó su furgoneta en el arcén de la nacional 120, en las inmediaciones del municipio de Ponteareas. Instantes después observó como «una vaca saltaba sobre el capo» del vehículo. Según trascendió, la acusación, ante la insólita afirmación, preguntó al imputado si estaba seguro de lo que decía, ya que «tengo entendido que son los caballos, y no las reses, los que se dedican a dar saltos». Además, apuntó que la furgoneta no apareció estacionado en la cuneta, tal y como afirmó el procesado, sino que «estaba en mitad de la carretera que va de Logroño a Vigo». Versión oficial El fiscal, que acusó a Alfonso P.D. de un delito contra la seguridad del tráfico y pidió que le retiren el carné de conducir durante dos años y medio, sostuvo que el alcohol consumido horas antes por el procesado menguo su capacidad visual, de tal manera que impidió que se percatara de la presencia del cuadrúpedo en mitad de la calzada. Y eso, que según los peritos, era una tarde clara y el accidente ocurrió en un tramo recto y a nivel de la N-120. A consecuencia del impacto el vehículo resultó dañado, mientras que las heridas de la vaca, que no estaba custodiada por su propietario, fueron consideradas como leves. Incapaz de «soplar» Por otro lado, efectivos de la Guardia Civil sostuvieron que debido al alcohol ingerido, el acusado perdió el equilibrio al bajar del coche y cayó al suelo. Los agentes destacaron que el procesado tenía el rostro congestionado, las pupilas dilatadas y un movimiento oscilante de su cuerpo. En este sentido, añadieron que cuando iban a realizar las pruebas de alcoholemia, Alfonso P.D. fue incapaz de soplar en el etilómetro. Después de varios intentos, el imputado, según sostuvo ayer el ministerio público, «intentó abandonar el lugar, manifestando que ni sopla, ni firma, ni hace nada, que se va a su casa porque le da la gana». Segundos después, no obstante, cambió de opinión. Pidió perdón a los agentes «porque nunca antes había tenido un accidente de circulación» y añadió que, debido a su edad, «podría ser su abuelo».