Cuestión de química

La Voz

PONTEVEDRA

XOÁN CARLOS GIL

MERCEDES ESCAURIAZA ANÁLISIS La privatización de Ence enfrió la relación Tafisa-Xunta y ensombreció el futuro de la planta del Lérez

02 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

afisa ya tiene nota necrológica. «Sólo hace falta que le pongan fecha», afirma el secretario comarcal de UGT en Pontevedra. El ugetista José Antonio García Lores sabe lo que se dice. Las siglas de su sindicato dominan un comité de empresa cauto, temeroso y cada día más desmoralizado por el sálvese quien pueda que venía pronosticándose desde mediados del pasado año. El cese de actividad de la vieja factoría del Lérez parece estar a la vuelta de la esquina. Y el futuro de los 140 trabajadores de una industria hasta hace poco muy rentable pasa por prejubilarse y aceptar una media de entre 10 y 15 millones de pesetas (90.151,82 euros) o por coger sus bártulos para aplicar sus conocimientos sobre la tecnología del tablex a las fábricas que Tafisa tiene repartidas por otros rincones de la geofrafía española. Los más afortunados, o no, en cualquier caso los menos, se quedarán en Pontevedra para prestar sus servicios en una vieja factoría reconvertida en almacén. El 8 de febrero de 1999 el presidente de Sonae, Belmiro de Azevedo, inauguraba en Pontevedra el primer centro de Max-Mat (de distribución de material de construcción y bricolaje), donde declaró estar de acuerdo en que el emplazamiento de Tafisa es una zona de la ciudad muy importante que hay que modernizar. «Pero el problema -matizó- es que trabaja bien, gana dinero y desde hace mucho tiempo estamos discutiendo la recalificación de los terrenos sin que finalmente haya una decisión». Por entoces aún quedaba química entre el magnate portugués -que en 1993 adquirió Tafisa a Inversiones Ibersuizas-, la Xunta y la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), que controlaba el 51% del capital de Ence, un jugoso caramelo al que aspiraba Tafisa, para aunar el desarrollo forestal y la concentración en producción de pasta. Ese mismo día, Mendes de Azevedo hizo algo más que cortar una cinta inaugural; visitó el complejo de Lourizán en el que están situados Celulosas y Elnosa, guiado por el entonces presidente de Ence, Juan Villena. En la reunión incluso se llegó a abordar la instalación de la demandada papelera, a través de una tercera empresa, algo a lo que Villena no se oponía, según reveló entonces Tafisa. Ríos de tinta Lo que ocurrió después hizo correr ríos de tinta en la prensa española y portuguesa por las acusaciones de «xenófoba» y «antiporguesa» que dirigió Tafisa a la SEPI. Así, Sonae anunciaba en abril de 1999 su desinversión en Ence, en la que en diciembre de 1998 llegó a controlar el 8,68% de su capital, a través de Tafisa. La firma de tableros había acelerado la compra de acciones, lo que llevó a la SEPI a pedir al grupo portugués que no adquiriera más valores en el mercado, una petición que los inversores portugueses aceptaron a pesar de considerarla «atípica». En el transcurso de las negociaciones previas a la privatización de Ence, Sonae -entonces en alianza con Caixa Galicia, que fue quien se llevó el gato al agua asociado con el Zaragozano y Bankinter- interpretó que la Sociedad Estatal donde dijo digo, digo Diego. La Xunta tampoco se libró de las críticas y Mendes llegó a advertir su disposición a abandonar sus inversiones en Galicia, desde las fronterizas tierras de León. La mala química, unida a factores macroeconómicos firman esta nota necrológica. Sólsona (Segovia) y Linares (Jaén) son ahora las niñas bonitas que figuran en cuadro de honor en los resultados económicos de Tafisa, que cerró el tercer trimestre del 2001 con unas pérdidas netas de 7.493 millones de pesetas (45.033.836 euros).