Gran parte de las investigaciones abiertas a raíz de las revelaciones del joven que denunció su secuestro en Ribadumia se cerraron sin éxito Su secuestro estremeció a las Rías Baixas y destapó un abanico de actividades ilícitas muy propias de la negra crónica que envuelve a esta tierra. José Radío Varela, el joven de Meis que con 20 años se presentó ante la Guardia Civil con una gruesa cadena al cuello y describió con detalle un extraño secuestro, había tirado de la manta. Se habló de un envío de dos toneladas de cocaína desde Colombia y de las diferencias entre dos hermanos con notable renombre en los archivos policiales, se resucitó un proceso por el asalto a mano armada de un taller, se abrieron diligencias por la aparición de explosivos en un piso de Pontevedra... En veinte días se cumplirá un año del suceso y gran parte de las líneas de investigación abiertas no encontraron salida.
16 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Detención ilegal, coacciones, lesiones y, posiblemente, poco más. José Radío Varela destapó negocios turbios y traiciones relacionadas con sus captores y su entorno, pero las revelaciones de este joven de Meis no parecen haber dado excesivos resultados un año después, salvo en lo referente al propio secuestro. Nada se sabe, por ejemplo, del hipotético negocio de importación de cocaína a gran escala que supuestamente había detrás de su obligada estancia en un domicilio de Sisán (Ribadumia). Radío había recordado un viaje a Ibiza realizado antes de las navidades del año 2000 por José Lafuente Martínez, el propietario de la casa en la que se escenificó el cautiverio. Dijo que él también se había desplazado hasta la isla balear, concretamente al domicilio de un hombre llamado Juan y en compañía, además de Lafuente, de una amiga de éste y un vecino de Poio. Allí se preparaba una planeadora de tres motores para completar con éxito un envío de dos toneladas de coca desde Colombia a las costas portuguesas. Aquel negocio estaría relacionado con el viaje que el joven de Meis debía hacer al país americano; el viaje que se negó a realizar antes de su denunciado confinamiento. De hecho, los principales detonantes del secuestro, para los investigadores, fueron la negativa de Radío a convertirse en fianza viva de aquella operación y su rechazo a traspasar a la mujer de Lafuente la titularidad de sus propiedades en Galicia antes de emprender el vuelo. Pero toda aquella historia, aunque siga existiendo como posible móvil para sustentar con más fuerza la acusación de detención ilegal, se quedó aparentemente en eso, en una narración. Casi un año después de que José Radío la contara, nada más ha trascendido. Ni siquiera hay constancia en el entorno del caso de Sisán de que realmente se siga investigando la derivación luso-ibicenca. Más claro está aún el punto muerto al que llegó el procedimiento sobre el asalto a mano armada a un taller de Meis. Radío señaló a cinco personas como autoras directas de aquel robo y dijo que el botín era un alijo de cocaína de uno de los procesados por la renombrada Operación Temple del juez Baltasar Garzón, Manuel Lafuente, Nelo. Curiosamente, el joven de Meis incluyó entre los ladrones al presunto cabecilla de su secuestro, José Lafuente, hermano de Nelo, destapando un conflicto fratricida. Ni esa declaración, ni la del propietario del taller, que primero no supo aportar datos sobre los cacos, pero que luego recuperó la memoria, ni la posterior aparición de varias capuchas en un piso en Pontevedra, evitaron que recientemente se decretara el archivo provisional de la causa. Lo mismo ocurrió con el procedimiento abierto a raíz de la aparición de 17 kilos de goma-2 y detonadores en un piso de la calle José Malvar de Pontevedra. Radío también destapó este asunto, pero el caso terminó archivado sin responsables.