PRAZA DA FERRERÍA
15 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.QUINCE MINUTOS. El novio, Francisco González Vicente, esperó quince minutos a la puerta del Templo Antiguo. Y ella, como Dios manda, guapísima, llegó de la mano del padrino a las 13.15. María Ramallo Vázquez, la joven y flamante diputada del Partido Popular, dejó plantado ayer a su presidente, Manuel Fraga, para disfrutar del día más importante de su vida. LA BODA. La novia, con el pelo recogido en un moño alto, lucía un elegante y sencillo vestido beige claro de dos piezas, con cuerpo de manga larga y cuello subido, falda con ligero vuelo y rematada en un discreto bordado, zapatos a juego y velo. A su lado, el marinense José Vázquez Gómez, tío de María y actualmente adjunto al director de La Voz de Galicia, que hizo de padrino. El novio, por su parte, firme y disimulando el nerviosismo, se plantó ante la capilla con chaqué y corbata azul. Su madre, María de los Ángeles Vicente, propietaria del restaurante Doña Antonia, ejerció de madrina. Y Jesús Acuña, párroco de la vecina Lourizán y muy ligado a la novia, ofició la misa en el corazón del casco antiguo marinense. LOS INVITADOS. Al acontecimiento asistieron buena parte de los compañeros de los cónyuges en la corporación marinense. Allí estaban José Carabelos, Santiago Pazos o Benito Touriño. También los ex-alcaldes Augusto Casal Sánchez, popular, y José Manuel Pierres Martínez, socialista, así como la ex-directora xeral de Política Lingüística y de Cultura, Paz Lamela. Y se esperaba la visita del conselleiro de Agricultura, Juan Miguel Diz Guedes, y la edil y ex-diputada María del Carmen García Campelo, próxima directora xeral de Cultura. Ellos sí estuvieron con Fraga y advirtieron con antelación que no podrían acudir al Templo Antiguo, aunque lo hicieron al banquete posterior en el Parador Nacional de Baiona. FELICITACIÓN. El actual alcalde, Antonio Santiago, se encontraba a la misma hora oficiando un matrimonio civil en la Casa Consistorial marinense. Pero tuvo tiempo de fecilitar a sus compañeros. La noche anterior, tras una reunión de la corporación municipal, despidió la sesión plenaria transmitiendo a concejales y periodistas una invitación personal de Francisco y María, que decidieron cerrar el casi siempre agrio debate político compartiendo un pincho con sus amigos y rivales políticos.