Aunque no faltan quienes se toman a broma la opción en blanco -hay quien le llama el voto del antrax o el voto del Real Madrid, recurriendo al chiste fácil-, muchos expertos consideran que estas papeletas corresponden en gran medida a electores con gran preparación y un alto sentido de sus deberes democráticos. Un vistazo al voto en blanco en Pontevedra revela que es más frecuente en la ciudad que en el medio rural, aunque también se produce en las parroquias. Así, en las mesas del Álvarez Limeses se anotaron 103 sufragios en blanco, en las del Sagrado Corazón otros 38, en Campolongo 72, en Caixanova 24, en Barcelos 28, en el Albergue de Peregrinos 23, en Celulosas 12, en Sanidade 27, en la Residencia de Estudiantes 28, en el Froebel 28, en Sindicatos 20, en Salvador Moreno 30, y en el Recinto Ferial 44. Son sólo algunos ejemplos urbanos, pero también hay voto blanco en la zona rural. Así, en Lourizán -escenario del conflicto del tren- hay que anotar 30 sufragios de este tipo y en Salcedo 23. En la práctica totalidad de los casos, el voto en blanco queda muy por encima de los resultados de opciones minoritarias en estos comicios, algunas de ellas de gran tradición, como puede ser el caso de IU o EdeG, y otras bastante conocidas como el partido de Marfany o la FPG. Aunque pudiera parecer poco menos que imposible, el votante en blanco también tiene sus problemas técnicos a la hora de ejercer su derecho. «Deberían dejarnos meter la papeleta directamente en la urna, porque si la coge el presidente puede darse cuenta perfectamente de que no hay nada dentro», señala una decidida partidaria del voto a nadie.