Uno de los apartados tradicionales en todo mitin que se precie es la entrega de pequeños regalos a los estoicos y pacientes seguidores. Así, caramelos, globos, pegatinas, programas, o incluso camisetas y gorras -todo depende de la entidad de los intervinientes y del interés que tenga el partido en la zona- son objeto de botín por parte de futuros votantes. Si se llegase a dar el caso de que un regalo de estos se convirtiese en el termómetro de la intención del voto del electorado, el Partido Popular arrasaría al resto de oponentes en su carrera hacia la presidencia de la Xunta. Y es que los populares acertaron de pleno con una pequeña tarjeta, no mayor que una de las de visita, que, por un lado, muestra a un «rejuvenecido» y sonriente Manuel Fraga Iribarne, y por el otro contiene un cómodo cambiaeuros de pesetas a euros. El denominado euroconversor fue la sensación del lunch del PP. La gente quería uno, dos e, incluso, tres para llevar a sus casas «e non ter que facer o ano que ven contas no mercado coa cabeza». «Levarei un a miña nai para que se vaia acostumando a nova moeda», dijo una seguidora. Hubo algún joven que comentó, entre carcajadas, que «por fin se lo que me va a costar una copa en la ciudad... tres euros». Pero las diferencias en los regalos no acaban aquí. Si en el mitin de Marisol Bueno y Pilar Rojo fue alguien del partido quien se encargó de repartir a diestro y siniestro estos obsequios, en el del PSOE y BNG fueron los propios candidatos quienes los distribuyeron, entre abrazos, besos y demás parabienes. Eso sí, en los tres casos, sin perder el buen humor.