MARTIÑO SUÁREZ CRÓNICA
02 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.uesta calcular cuánto tiempo han tardado en colocar las filas de conos portátiles de señalización que, a razón de uno cada diez metros, recorren casi en su totalidad la vía rápida de O Salnés. Son las nueve de la noche, la carretera de la costa está colapsada a la altura de Montalvo (Sanxenxo), y algunos bañistas, colorados por sol y hambrientos, optar por dar la vuelta y entrar desde A Lanzada, a la aventura, en la vía de alta capacidad. Allí deberán sortear como en un videojuego casero los obstáculos de un auténtico dédalo automovilístico. El laberinto comienza en la salida de Sanxenxo. Un guardia civil sopla su silbato con los carrillos muy hinchados y la cara desencajada de enfado. Moviendo los dos brazos con energía, indica a la larga procesión de coches que se vaya dividiendo en los dos carriles dispuestos para descongestionar la vía rápida. Los conductores, que circulan a sesenta por hora, desconfían, y nadie parece hacerle caso. La carretera se ha descongestionado un tanto con respecto a las ocho de la tarde, cuando el carril sí tuvo algo más de aceptación. El carril habitual, levemente estrechado por la ristra de conos, sigue lleno; el suplementario, habilitado en el extremo exterior de la calzada -hay carteles que anuncian que «se permite circular por el arcén»-, no gusta. El arcén no gusta Algunos van entrando en el arcén de mala gana, impelidos por el furioso pito del benemérito. Sin embargo, un kilómetro después, conectan la intermitente, se comen un par de conos y se pasan al carril mayoritario. El efecto conseguido es curioso: el camino de la derecha, más estrecho -hay que medirse para no dejarse el espejo en el pretil-, avanza bastante más rápido que el ancho. A la altura de Meis uno se da cuenta de que ha llegado el momento de los valientes. Como en una emboscada, ante el conductor aparecen cuatro o cinco líneas de conos de color naranja, muy cercanos unos a los otros. Hay que decidirse, casi al azar, por uno de los pasos, y rezar por que no sea el que utilizan los que viajan en sentido contrario. Ha pasado algo menos de una hora y se avista la salida de Pontevedra. Esta vez hubo suerte, y el único perjuicio para la salud que ha podido deparar el viaje ha sido la aspiración de los humos de un carraspeante Citroën Visa. La aglomeración no ha sido para tanto. Ya en Campañó, las dudas asaltan a muchos conductores: cuando realmente haya tráfico, ¿se entenderá el jeroglífico de conos?