Pontevedra se convierte en un enorme museo de las pintadas

La Voz

PONTEVEDRA

XOÁN CARLOS GIL

MARTIÑO SUÁREZ CRÓNICAS DEL LÉREZ Consignas políticas y firmas personales conviven sobre las paredes del casco antiguo

19 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

icen los nostálgicos que la gente joven no es lo que era, que sólo le interesan los videojuegos, gastar dinero y teñirse el pelo de colores. Las pintadas lo confirman. Si hace tres lustros estaba de moda adornar una pared con un buen mensaje político, del signo que fuera, los últimos seguidores de Haring y de Basquiat se afanan en estampar su firma en cuanta superficie les sea posible, en un imparable frenesí notarial. El paso del tiempo ha difuminado lo poco que queda de mensaje en las pintadas del centro histórico de Pontevedra. Sobre algunos muros aún se pueden leer, medio borradas o camufladas con cemento, frases como «fachas muertos», «Bases Autónomas» o el inevitable «arriba España» seguido del apóstrofe «con dinamita». Desde la placa que lo recuerda en la fachada de su casa, el marino Méndez Núñez, arrebujado en sus pobladas patillas, contempla un muro blanco en el que se ha escrito «nazis muertos». En la parte alta de Isabel II alguien se atreve con una especie de ensayo que relaciona el «18 de xullo, aniversario do golpe fascista» con el inminente advenimiento de la «República Popular Galega». Hay también pintadas mucho más preocupantes, como un repugnante «mata negros» que ensucia, cerca del mercado, la puerta de la bisutería Khadim. Las consignas independentistas tienen también cierto peso en Pontevedra. La farra etílica del sábado noche superpone a las clásicas «Galiza livre» e «independencia» temblorosas reflexiones sobre el 12 de agosto de 1975, fecha en la que la policía abatió a Moncho Reboiras mientras este organizaba un comando armado. Los chicos del aerosol La casa en la que vivió Valle Inclán, junto con el cruceiro de las Cinco Rúas, viene a ser el Guggenheim del grafismo callejero. Una pintada en este lugar podría costar a dos chicas un año de prisión y una multa de 50.000 pesetas. La zona de la movida es el territorio de los grafiteros vinculados con el hip-hop, la música declamada derivada del funk de los setenta. Su actividad se rige por en una fórmula bien sencilla: a más firmas, más prestigio. Siguiendo este precepto, el no va más de los pintores urbanos de Pontevedra lo representan, en estos momentos, dos individuos que se dan a conocer como SKC y Astro. Este último acompaña su enrevesado cliché con el dibujo de la cabeza rapada de un hombre en plena histeria. El entorno de la basílica de Santa María es el hábitat natural de los chicos del aerosol. Los grafiteros se entretienen aquí decorando de azul las caras de santos y arcángeles, tomando ejemplo, seguramente, de otra inscripción aún más dolorosa, esta vez grabada a cincel en las piedras de la entrada a la iglesia. Es la que recuerda a José Antonio y a los muertos, sólo los de un bando, de una guerra que ocurrió hace muchos años.