Las mujeres de los huelguistas muestran su cara más combativa y advierten al propietario de La Unión: «Podemos ser su peor pesadilla» Las mujeres de los trabajadores de La Unión se incorporaron activamente a las protestas para llamar la atención sobre una huelga que dura ya 72 días. Durante las cinco horas que duró el encierro de ayer se mostraron muy combativas, y de hecho fueron las que más reacias se mostraron a abandonar la sede del PP sin soluciones. Afirman que quieren hablar «con la mujer de Raúl López y con las mujeres del PP, para explicarles cuál es nuestra situación desde hace dos meses», que «ni el empresario ni nadie puede comprar nuestra dignidad» con una propuesta de despidos a la baja y advierten: «Podemos ser su peor pesadilla».
10 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Excepto en épocas de campaña electoral, pocas veces se habrá visto una actividad tan incesante en la sede del PP: despachos llenos, la recepción abarrotada, gente en el balcón. Cinco horas largas de encierro dan para mucho. Comer kilos y kilos de pipas, dormitar en un rincón, echar una partidita de cartas, hablar con los periodistas, aburrirse, charlar, volver a aburrirse, enfadarse, echar pestes contra la empresa... Lo dicho, 5 horas dan para mucho. Las mujeres fueron quienes más batalladoras se mostraron. Ellas ocuparon su propio despacho, y desde allí hablaban con la prensa. Alertaban sobre la situación de sus maridos. «La Constitución no es para los pobres -decía una-. A mi marido le quieren despedir por ejercer un derecho constitucional: ir a la huelga». «Tratan a nuestros esposos como delincuentes- afirmaba otra-: allá donde van hay un despliegue policial que ni con la ETA». Las mujeres afirman que la situación laboral en La Unión, «la empresa de toda la vida de nuestros maridos», se tornó insostenible tras su adquisición por Mombus, el grupo de Raúl López. «Si antes nunca hubo problema alguno, ¿por qué lo hay ahora? Por el exceso de horas de trabajo, porque no tienen vacaciones, por los sueldos ínfimos, por cómo les tratan... ¿Quieren más?»