El cuerpo de la Políca Local de Poio cuenta con seis agentes para 14.000 habitantes Son sólo seis. Seis agentes del cuerpo de la Policía Local para velar por la seguridad y el bienestar de los catorce mil habitantes que tiene el Concello de Poio. Se organizan en dos turnos, de mañana y de tarde, y en las noches es la Guardia Civil de Pontevedra la que se encarga de vigilar el territorio. Los municipales tienen una pequeña habitación en el Ayuntamiento de la localidad, dos coches, dos motos, un móvil y dos «walkies» y, eso sí, una voluntad de hierro. Manuel Villanueva Ucha, jefe de los «intrépidos» guardianes del orden público, lleva 29 años en el cuerpo, y asegura que ése es el tiempo que le ha llevado convencer a su mujer de que sus salidas -nocturnas y diurnas- son sólo producto de su profesión.
03 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Por las mañanas tienen el privilegio de poder salir a patrullar dos agentes, mientras los otros dos permanecen realizando otro tipo de labores. El tema de las tardes es más complicado, ya que sólo dos hombres son los encargados de cuidar que en Poio ningún ratero haga de las suyas, al mismo tiempo que dan parte de los accidentes que ocurren, y acuden a la salida de los colegios a «enfrentarse» con trescientos niños que huyen de los últimos conocimientos adquiridos en la última clase de «mates». Manuel Villanueva no recuerda ya cuántos años lleva rogando que amplíen el personal de la Policía Local, aunque con menos de seis agentes más «no hacen nada». No es que el municipio sea peligroso, según aclara, pero el hecho de que no haya un solo policía por las noches en toda la localidad tampoco les deja muy tranquilos. Sobre todo porque, cuando ocurre algún incidente y Manuel se ve obligado a pedir apoyo, entiende perfectamente que en los domicilios de «sus chicos» alguna vez le contesten con un «no está, y no sé cuándo volverá» a horas intempestivas. «Se esconden por la noche», asegura el jefe de la Policía Local, riendo. Menos gracia le hace al responsable de la Policía Local de Poio recordar las últimas fiestas de San Juan. «Duraron una semana y, para cuando terminaron, ya no sabías dóndes estabas, ni si ibas o venías», comenta. «Lo peor -continúa, sin perder el sentido del humor- es que este año quieren que se prolongue hasta diez días. No quiero ni pensarlo». No tienen calabozo, ni siquiera cuarto de baño independiente del Concello pero, por humor, que no quede.