El fraude de las pensiones

E. VÁZQUEZ PITA PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

ÓSCAR VÁZQUEZ

El testimonio de un centenar de ancianos en el juicio «Chaparrita» desvela la trama para falsificar jubilaciones Joaquín Fernández Tapias, hermano del armador Fefé Tapias, comparece en el banquilo acusado de falsificar, supuestamente, 206 pensiones de jubilación durante 16 años con la complicidad de José Manuel Ferrería Rey, «Chaparrita», ex asesor del alcalde pontevedrés Rivas Fontán, y dos ganaderos. Durante estas dos semanas, beneficiarios de las pensiones fraudulentas y altos cargos del INSS han reconocido a los acusados. El juicio «Chaparrita» continuará varios días con más testimonios que desvelarán toda la trama.

04 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

Todo empezó en 1980. Tapias, presumiblemente, aprovechaba su puesto de jefe de negociado del despacho del Instituto Nacional de Seguridad Social (INSS) de Vigo para falsificar 206 expedientes de jubilación para emigrantes de la serie Seguro Obligatorio de Vejez e Invalidez (Sovi). Los beneficiarios eran vecinos del área de Pontevedra que nunca habían cotizado la pensión, en general mujeres que habían trabajado en el campo toda su vida o con problemas financieros. Los futuros pensionistas contactaban con dos ganaderos de Ribadumia o Marín, quienes decían conocer a un hombre que «arreglaba» pensiones. Algunos testigos e imputados identificaron el bar Chaparrita de Marín, regentado por Ferrería padre, como el punto de entrega de dinero y documentos. Los ancianos debían entregar a los intermediaros una fotocopia del DNI y una partida de nacimiento, a veces falsificada para aparentar una edad superior a 60 años. Además, los beneficiarios debían pagar hasta 300.000 pesetas por iniciar las gestiones, dinero que se repartían entre los cinco miembros de la red. Los intermediarios también se quedaban con el cheque que, una vez aprobada la pensión, ingresaba la Seguridad Social en concepto de atrasos a los ancianos. Los miembros de la red acompañaban al banco a los nuevos pensionistas a cobrar dichas sumas, que alcanzaban hasta 4 millones. Pruebas inculpatorias En mayo de 1996, Tapias cayó de baja por enfermedad. Sus expedientes se acumulaban en la mesa y el jefe de sección se puso a ordenarlos para adelantar trabajo. Para su sorpresa, dos impresos tenían el mismo número. Pronto, el superior halló más irregularidades y alertó a la subdirectora de jubilaciones. Ésta registró el armario de Tapias y halló otras cinco pruebas inculpatorias. Días después llegó Tapias a su despacho y, tras buscar sin éxito los expedientes falsos, se vio descubierto y cayó desmayado. Tapias salió en ambulancia del INSS. Poco después, otro implicado, Manuel Fernández Cid, Rachote, falleció de un infarto tras salir a la luz el caso.