Una exposición de fotogramas recorre las obsesiones del cineasta aragonés a lo largo de toda su filmografía Insectos, animales, zapatos, pies, manos o piernas... Son algunas de las obsesiones que el cineasta aragonés Luis Buñuel mostró en prácticamente toda su filmografía y que ahora recoge la exposición "Es peligroso asomarse al interior", que se exhibe en la Facultad de Bellas Artes como parte del programa del encuentro con Buñuel que se celebra esta semana.
23 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Precisamente, el título hace referencia a una de estas obsesiones, las miradas furtivas, y también al título original que Buñuel pensaba para Un perro andaluz. Según Enrique Camacho, director del Instituto Cervantes de Toulousse y comisario de la muestra, la idea de esta exposición es «recoger los temas recurrentes de Buñuel, que se ven ya desde sus dos primeras películas, El ángel exterminador o La edad de oro, por lo menos el 90%». «Él mismo hablaba de estas obsesiones _indicó_ que o bien respondían a temas que le interesaban o que había vivido en su niñez». Estas obsesiones aparecen ordenadas por temas en la exposición. Así, está el bestiario, el alba de Eros, calzado, armas blancas y de fuego, las manos y las miradas furtivas, entre otros muchos. Uno de los más destacados es el dedicado a los animales. «Él amaba los animales y siempre decía que la única asociación a la que pertenecería era la protectora _señaló_. Y en ocasiones se interpretaba este elemento, como por ejemplo, el oso de El ángel exterminador se decía que era la entrada de la URSS. Respondió que simplemente quería poner un oso». Los insectos también fueron muy estudiados por Buñuel, hasta el punto de que en el filme Él, el análisis que realiza del personaje principal es como el de un insecto, «algo que para él significaba la meticulosidad completa». Están también las carencias físicas, que presentaban muchos de sus personajes. «Los minusválidos aparecen constantemente en sus películas: ciegos, cojos... _añade Camacho_. Y una de las conexiones es el milagro de Calanda, por el que un señor recuperó una pierna después de pedirlo a la Virgen del Pilar. Fue un milagro reconocido y le debió gustar mucho. Aparece en Tristana, donde a la protagonista le falta una pierna, o en Simón del desierto, donde a un manco le ponen manos». En lo que se refiere al erotismo, Buñuel lo expresaba tal y como hacía su generación, según añade el comisario. No son frecuentes los besos, pero sí las ligas, los corsés o los encajes. «Siempre decía que era una pena que la gente no pudiese ver ya cómo tenían que subir las mujeres al tranvía y levantarse la falda, para ver las pantorrillas y las medias».