Un gran cuenta cuentos

La Voz

PONTEVEDRA

XOÁN CARLOS GIL

PLAZA DA FERRERÍA

31 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

La vía rápida de O Salnés podría contar el próximo fin de semana con un carril provisional para mitigar los atascos de vuelta de las playas MAGNÍFICO AMBIENTE. El cantante andaluz Joaquín Sabina contó en Pontevedra con un gran ambiente para su concierto. La Plaza de Toros estaba abarrotá y él supo corresponder con guiños a un público entusiasta que coreó cada una de sus canciones. Desde su saludo inicial de boas noites, a sus constantes grasiñas _con seseo incluido_, y alusiones a nuestros poetas y escritores, como Rosalía de Castro, Curros Enríquez y, como no, Castelao, en este su año, suponemos que con gran satisfacción del concejal de Cultura, Luis Bará. Además, introdujo el nombre de la ciudad del Lérez en varias de sus canciones, ante el delirio del respetable y también mencionó los pimientos de padrón. ESTACIÓN DE TREN. El concierto comenzó con un cuarto de hora de retraso, con el telón de fondo musical de uno de los pasodobles más hermosos: Suspiros de España. Aún habría otro guiño a la copla, con la interpretación de Te quiero más que a mi vida. Con el tren _transporte liberador_ como hilo conductor del recital y reproducida la estación de Linares-Baeza en el escenario, Sabina realizó una buena selección de sus temas, mezclando las canciones antiguas y las de su último disco, 19 días y 500 noches, e incluso introdujo un tema popularizado por Ana Belén, A la sombra de un león. BISES. Tras una primera retirada del escenario, el cantante jienenese fue reclamado por el público al gritó campeón de ¡Oé, oé, oé! y ¡torero, torero!. La reaparición de Sabina concluyó con la interpretación de Calle Melancolía, cantada por las 5.000 personas que estaban en la plaza y en cuya parte final, el artista se limitó simplemente a escuchar de pie, visiblemente complacido. Pero eso no fue todo. Cinco mil gargantas empezaron a pedir más, coreando durante varios minutos ¡Hei, Sabina, así no se termina!, que lo hicieron volver sobre el escenario. El delirio se apoderó de nuevo de los espectadores al atacar la canción gallega Oliñas veñen, y el artista se despidió, esta vez definitivamente, con otro tema mítico, Y nos dieron las diez..., tras 2 horas y 45 minutos de un estupendo espectáculo, aunque muchos fans se quejaron de la acústica.