El Obradoiro de encuadernación y restauración de libros tuvo mucha «clientela» La Feria del Libro llegó a su fin y en su huida se lleva consigo el taller que la acompañaba. En el Obradoiro de encuadernación y restauración de libros se dejó sentir la actividad: una aglomeración se formaba a su entrada cuando Manuel Gómez mostraba a los allí congregados cómo se usa la chilla o explicaba el proceso de cosido de un tomo. Artesanía con tradición milenaria y en vías de extinción.
22 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Esta semana la Feria del Libro antiguo y de ocasión tuvo su versión práctica con un obradoiro de artesanía orientado a mostrar el largo proceso de elaboración de un ejemplar y a prestar servicios de cuidado y reparación de libros de particulares. Mucho interesado se acercó a esta caseta de la Plaza de la Herrería a encuadernar su propio libro o bien llevar a uno convaleciente para que recupere el esplendor que algún día tuvo. Y es que este servicio contó con un auténtico licenciado en anatomía del saber. También se pudo ver una muestra de encuadernaciones en cuero hecha por el artesano que dirigió el taller, Manuel Gómez, auténticas obras de arte en las que se llega a invertir hasta 50 horas, pero que tienen una garantía muy longeva, como todo lo que se elabora a mano, según aprecia el experto. La artesanía es belleza, pero también calidad. Puede que se trate una oportunidad irrepetible ya que el oficio de encuadernador, así como otros trabajos artesanales, tiende a desaparecer. De este modo se lamenta Manuel Gómez, quien vio en sus años de estudiante cómo los talleres de encuadernación iban cerrando y muchas técnicas ancestrales desaparecían para dejar sitio a la impersonalidad de las máquinas, que siempre limitan la vida de sus creaciones. Incluso vaticina que también los libros serán recuerdos del pasado y se convertirán, a causa de las nuevas tecnologías digitales, en piezas de museo u objetos de anticuario. Además, confiesa que hoy en día ya no puede vivir del oficio que tanto le entusiasma, por lo que da clases de modelaje con cuero y lleva talleres para niños y adultos en las distintas ferias del libro que se organizan. Mientras, intenta recuperar unas técnicas que incluso maestros olvidaron y que sólo recogen, con la ironía de este metalengüaje, los propios interesados: los libros.