Cuatro de los nueve autopatronos que desempeñan su trabajo en Moraña son mujeres De los nueve taxistas que hay en activo en Moraña, cuatro son mujeres. Pilar Carballo, la pionera y más veterana, Celsa Caeiro y las hermanas Josefa y Sara Garabán achacan esta elevada presencia femenina a la casualidad. En su caso, familiares directos ya desempeñaban esta actividad que por unas u otras circunstancias acabaron asumiendo ellas. Aseguran que el taxi es una profesión sacrificada que, no obstante, no les ha traído problemas por el hecho de ser mujeres. Lo peor, sostienen, es compaginar las horas que pasan al volante, en una doble jornada de mañana y tarde, con su trabajo de amas de casa.
14 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Pilar Carballo lleva desde 1973 al frente de uno de los taxis de la plaza del Ayuntamiento. Se define al igual que sus compañeras como una conductora experimentada con muchos kilómetros encima. Recuerda que fue su padre el que tuvo la idea. «Estaba en Alemania y una de las veces que vino con un permiso le dijeron que si no se quedaba le quitaban la parada», explica, «así que me sugirió que me sacara el carné». Pilar, que tenía entonces una niña pequeña, lo consultó con su marido y se puso manos a la obra. «Hice las prácticas en un camión y suspendí el examen porque sólo se podían hacer cuatro maniobras y yo hice cinco». Por su parte, Josefa Garabán es la más joven y la última en incorporarse a la nómina de taxistas de Moraña. Entre espera y espera, le gusta hacer labores, sobre todo ganchillo, a diferencia de Celsa Caeiro, que prefiere sin duda la lectura. El marido de su hermana Sara es también taxista, al igual que lo fue el de Celsa. Sostiene que un taxi «no da para mantener una familia porque en todas las casas hay coche», y en su caso le dedica menos horas que el resto «porque tengo a mi madre encamada y dos hijos que atender». Ellas aseguran que la relación con sus compañeros de parada es buena y que la gente del pueblo está acostumbrada y ve normal que haya cuatro mujeres. Fernando Barreiro, que es el más veterano de los autopatronos, califica con mucha ironía a sus colegas como «desertoras del arado». Pilar matiza que sigue cuidando de su huerta y de sus animales. Las horas al volante se las quitan al sueño porque no hay guardias de noche. Sobre los servicios que realizan, señalan que las mañanas son más activas que las tardes, «especialmente los primeros de mes cuando viene mucha gente mayor a cobrar o al médico».