El fatal olvido de Pérez Rubalcaba

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

ESPAÑA

21 feb 2013 . Actualizado a las 09:23 h.

Con el gran agujero negro de su absoluto, y nada irrelevante, silencio sobre Bárcenas, Rajoy trenzó ayer su primer discurso sobre el estado de la nación con la habilidad de huir del triunfalismo. Haber caído en ese error hubiera sido letal para quien, tras afirmar que el país comienza únicamente a poner, con gran dificultad, las condiciones para la salida de la crisis -«nada de brotes verdes»-, aseguró que, en la lucha contra ella, no habrá «ni un solo minuto de relajación y de sosiego».

Como no podía ser de otra manera, Rajoy defendió, claro, su gestión y resumió el mérito principal de su política durante los doce últimos meses en que el Gobierno había evitado la suspensión de pagos hacia la que, según el presidente, se dirigía España a paso de gigante cuando el Partido Popular ganó las elecciones generales.

Ese discurso medido del jefe del Gobierno fue respondido por Rubalcaba, no logro entender bien por qué motivo, con una intervención de una dureza tan extrema y una descalificación tan universal que, cuando proclamó que el Gobierno solo ofrecía «desigualdad, recesión y desempleo», el líder del PSOE parecía ya haberse transmutado en el Aznar del «paro, corrupción y despilfarro». Pero, con una diferencia fundamental, que favorecía entonces a Aznar y perjudica ahora -¡y de qué manera!- a Pérez Rubalcaba: que el primero nunca había estado en el Gobierno y el segundo lo abandonó, tras ser ministro primero y posteriormente vicepresidente, entre el 2006 y el 2011, es decir, hace poco más de un año.

Por eso, tras el primer discurso de Rubalcaba -que, para su desgracia, aprovechará mucho electoralmente a Izquierda Unida y otras minorías y muy poco al Partido Socialista- sucedió lo que resultaba perfectamente previsible: que Rajoy salió en tromba, en una de las mejores réplicas que se le han escuchado en el Congreso, a devorar al dirigente socialista por no haber hecho desde el Gobierno durante cinco largos años de crisis económica nada lo que ahora reclama desde la tribuna del Congreso; y a afearle que acuse al actual Ejecutivo de un ajuste cuya dureza es consecuencia, en no pequeña medida, de la desastrosa política del Gobierno al que, desde el año 2006, pertenecía Rubalcaba.

El duelo entre Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba quedó entonces sentenciado, como lo demostró la desmañada réplica de un líder socialista que, ya descolocado por completo, pagó ayer un alto precio por olvidar que el grado de demagogia de que puede echar mano el líder de la oposición es directamente proporcional al tiempo transcurrido desde su salida del Gobierno.