En el diccionario político Baltar ya no es sinónimo de Baltar. La semántica saltó por los aires por iniciativa del presidente de la Diputación de Ourense. Anunció el despido de 32 trabajadores por motivos económicos. A nadie se le escapa, aunque él no lo reconozca de manera explícita, que con esta decisión le enmienda la plana a su predecesor. Es decir, a quien rigió los destinos de la institución y del PP provincial durante dos décadas. Es decir, a su padre. Ahí es nada. José Manuel Baltar se abrazó a los números pero evitó aludir a la política de contratación del expresidente (así se refiere en público a su progenitor). Aún así la conclusión parece clara: de aquellos contratos, estos despidos. El dirigente popular -al que no se le puede negar la valentía de tomar la decisión- hizo, en realidad, lo que la oposición llevaba años pidiéndole a su padre: poner coto a las contrataciones. Y de paso, actualizó el verdadero debate: ¿qué hacemos con las diputaciones?