Gobernando en la tormenta

Mariluz Ferreiro A MI BOLA

ESPAÑA

La legislatura agoniza a manos del adelanto electoral. Feijoo acaba así una partida que, de una u otra forma, ha jugado a la contra. En su etapa al frente de la Xunta siempre se ha encontrado con un enemigo exterior. Es más cómodo defenderse y justificarse cuando se señala una amenaza. Pero no hay que olvidar que también fueron las cartas que le tocaron al presidente en el reparto de los últimos años. El primer dique para Feijoo fue el Gobierno de Zapatero. El segundo, la crisis económica. Y, en este contexto de tormenta financiera, de naufragio generalizado, el margen de maniobra se acortó. Las circunstancias obligan. Como a tantos otros Ejecutivos, el gallego ha tenido mucho que recortar y menos que emprender. Más que navegar viento en popa, el objetivo ha sido mantenerse a flote. Y en el esprint final se han quedado proyectos en el tintero. Como la comisión de investigación de las cajas de ahorros, con la que deberían depurarse responsabilidades y que tendría que servir como lección moral a todos los aspirantes a banqueros aventureros. Galicia es una de las pocas comunidades autónomas que mantiene una entidad financiera propia, pero nacionalizada, con débiles constantes vitales y todavía arrastrando las sombras del pasado que este Parlamento no podrá desentrañar. Tampoco se podrá llevar a cabo el recorte de escaños prometido que, dependiendo del pulso del cirujano, puede oscilar entre el presunto pucherazo y la supuesta amputación necesaria en pos de la austeridad. Son dilemas internos sin resolver. Curiosamente, en las próximas elecciones, Feijoo volverá a convivir con un elemento externo: los comicios del País Vasco. Y esta cita, con todos sus componentes, suele fagocitar a cualquier otra.