«Hay que pensar en los que estamos vivos y vemos morir a nuestros hijos cada 24 de julio»

Los padres de Celtia Cabido, víctima de Angrois, esperan que se depuren responsabilidades

.Javier Cabido
Javier Cabido

Ourense / La Voz

«¿Por qué cada vez que hay una noticia tengo que estar viendo siempre morir a mi hija en la televisión? Celtia se desnucó en ese mismo instante. Y mientras dan una noticia en televisión repiten innumerables veces cómo descarrila el tren en la curva. Todos sabemos lo que vende y lo que es más impactante, pero habría que empezar a pensar en las personas que no se han muerto y tienen que ver cómo se les va un hijo reiteradamente, cada 24 de julio».

La que habla es la ourensana Marian Prado, madre de Celtia Cabido que perdió la vida en el accidente de Angrois dentro de un tren que estaba construido -como si de un puzzle se tratara- con piezas de diferentes modelos y que entre el gremio de los maquinistas e ingenieros se conocía como «Frankestein».

«Nosotros, por culpa del mal hacer y de la ambición por inaugurar una línea con deficiencias y al precio que fuera, perdimos a nuestra hija y a nuestra sobrina. Celtia estudió Educación Primaria y había encontrado trabajo en Londres, ya había sacado el billete de avión para irse. Pero se murió el 24 de julio de 2013 y el día 29 hubiera cumplido 22 años», recuerda Marian mientras enseña una foto de su hija que lleva en el móvil. La joven -de Xunqueira de Ambía, al igual que su prima- pasó los últimos días de su vida organizando un futuro que nunca llegó.

Con la indignación palpitando en las venas como si el accidente estuviera reciente, cinco años después Marian y su marido, Javier Cabido, cuentan que aquel día su condición de padres los llevó a escoger una decisión que creían acertada y no lo fue. «A nosa filla quería ir a Santiago en coche e non a deixamos porque pensabamos que o tren era máis seguro. Sempre se falaba da última tecnoloxía da alta velocidade e vendíannos moita parafernalia pola tele. Se se soubera todo o que hoxe se sabe, posiblemente estarían vivas», sopesa Javier apretando los labios con rabia. Rabia contenida que se le escapa a borbotones cuando ve a algunos personajes políticos hablando del accidente en la televisión. «Ourense foi a única das sete cidades principais de Galicia na que non se aprobou a Comisión de Investigación. A min non me deixaron nin falar no pleno. Leu o portavoz de Ourense en Común o que eu quería transmitirlles aos concelleiros. E despois saíu o alcalde diante dos medios para darme a man.Evidentemente, non lla din. A mín morreume unha filla e unha sobriña e me estas a negar unha investigación para depurar responsabilidades», explica Javier. Y recuerda con potente frustración el día en el que el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo los citó para entregarles una medalla de Galicia. «Incluso adiantou un día a celebración que se fai sempre o 25 de xullo. E moitas das vítimas fomos a falar con él para dicirlle que non queriamos máis que xustiza e atopámonos cos antidisturbios na porta, cousa que non saíu nos medios de comunicación. Mentres, el lía un discurso con bágoas nos ollos. Todo vale pola foto dándonos a man, mais ser contar con nós e sen ter sensibilidade».

Marian y Javier llevan cinco años sin conceder ninguna entrevista, pero están cansados de estar callados, de que todo siga igual y de no tener ni siquiera el consuelo de que la seguridad haya llegado un lustro después a la curva de Angrois. Es la ilusión por su otra hija la que los mantiene fuertes y unidos -aunque con algunas diferencias que se deben a la manera de gestionar las cicatrices internas-. «O maquinista fártase de chorar e pedir perdón pero eu non podo perdonalo. É un error humano? Podo entendelo, pero o que me cabrea e que non deixa de repetir que estaban fartos de avisar do perigo dese tramo. Se era así, por que non se negou a conducir o tren? Síntoo moito, pero eu non podo perdonalo», argumenta Javier. Ella, sin embargo, intenta empatizar contraviniendo que todo el mundo en su puesto de trabajo hace cosas pese a que no está de acuerdo. «Es de vergüenza que tuvieran desconectado el sistema de seguridad porque daba cinco minutos de retraso en las llegadas de los trenes y tenían que abonar dinero del billete. Nosotros, por culpa del mal hacer y de la ambición por inaugurar una línea con deficiencias, perdimos a nuestra hija y a nuestra sobrina. Mi hija se murió el de 24 de julio de 2013 y el día 29 hubiera cumplido 22 años», aclara Marian con lágrimas en los ojos.

Evitan las misas y los actos de homenaje porque duelen demasiado y no les arrancan de cuajo la pena, aunque todos los años juntan a la familia en una iglesia de Xunqueira de Ambía. «Para las abuelas es importante que les hagamos una ceremonia y supongo que también lo es para que no se las olvide, pero a mí me destrozan los actos en los que se juntan varias víctimas así que nunca he ido al que se hace en A Grandeira», afirma asumiendo que para ella todos los días son 24 de julio y que eso ya nunca va a cambiar. «Yo llevo muy mal pensar en todo el tiempo que he pasado sin verla. ¿Cómo puede hacer cinco años que no la veo? ¿Tú sabes lo que es acordarse todos los días de ella y no poder hablarle ni oírla?», reclama.

Aun con dos personalidades tan diferentes, hay dos cosas en las que están plenamente de acuerdo y de las que quieren dejar constancia. Una es su agradecimiento al BNG, en concreto a la eurodiputada Ana Miranda, por haber conseguido que la asociación de víctimas fuera recibida hasta en cuatro ocasiones en Europa para que el accidente fuera investigado a fuerza de sacarle los colores a la clase política española. Otra es la gratitud que sienten hacia la localidad en la que viven. «Nosotros somos de un pueblo pequeño al que tenemos que agradecer cómo se portaron guardando privacidad e incluso despistando a algunos periodistas de cadenas de televisión que venían a buscar morbo tras lo sucedido», espeta ella con orgullo.

Para Javier era importante no irse de la entrevista sin decir públicamente que no le desea ningún mal a nadie, pero sí una conciencia que pese como una losa sobre los que a su modo de ver han demostrado no tener sensibilidad. «O señor Celso Delgado veu ao enterro da miña filla e da miña sobriña. Deume o pésame e a man e díxenlle que non quería o pésame, que quería que se fixera xustiza e isto non se repetise. Xuroume que ía facer todo o posible por que así fora. E despois votou en contra da comisión. E Ana Pastor? E Pepiño Blanco? Todos ascenderon, ninguén asumiu responsabilidades de ningún tipo. Rafael Catalá era secretario de Estado de Infraestruturas no momento do accidente, e que casualidade que pasou a ser o ministro de Xustiza e Pastor, presidenta do Congreso. Non digo que teñan culpa directa, para eso se supón que están os maxistrados, pero se hai unha mínima dúbida sobre se tiveron responsabilidades ou non porque o caso segue aberto, non deberían ascender na súa carreira política nin ocupar cargos de maior importancia. É todo un despropósito demasiado grande e temos a sensación de que se rin de nós», incide.

Sobre la Comisión de Investigación él tiene la esperanza de que servirá para depurar responsabilidades. Ella duda. «No creo que se asuman culpas políticas, pero ojalá tenga la suerte de equivocarme», finaliza Marian.

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