La unidad forense de Verín analizó 400 restos humanos en una década

El departamento estrena una sala para estudiar cadáveres descompuestos


VERÍN / LA VOZ

La reciente apertura de una sala de esqueletización para analizar las circunstancias de la muerte de cuerpos en estado de descomposición es la última novedad de la unidad de antropología forense del Instituto de Medicina Legal de Galicia (Imelga), con sede en el hospital de Verín. La nueva dependencia, en la que la Xunta ha invertido 12.000 euros, es una de las tres de sus características existentes en España, junto a las de Madrid y Barcelona.

Los nuevos equipos permitirán la cocción de los restos humanos putrefactos. «El objetivo es posibilitar un examen más detallado de determinados restos, evaluando las lesiones que presentan los huesos», explica el responsable del departamento, el forense Fernando Serrulla. Y añade: «Esta técnica permite profundizar en los resultados de la autopsia en casos en los que hay sospecha de un supuesto homicidio y en los que ya se inició la descomposición».

Esta cocción del cadáver puede durar días o incluso semanas. Posteriormente, los restos se maceran. Ello da al especialista la posibilidad de una evaluación en profundidad de la osamenta que, de otra manera, es muy complicada en cadáveres con esas características.

Diez años de historia

La dotación llega coincidiendo con los diez años de existencia de la unidad. Durante ese período se han analizado en torno a 400 restos humanos. El balance, según Serrulla -la única persona que trabaja en ella-, es más que positivo. «Ha habido un esfuerzo personal muy grande, pero nos hemos puesto en el mapa de la antropología forense en España», resume el especialista.

¿Los casos más complicados de esta década de la unidad? Serrulla rememora el hallazgo del cuerpo carbonizado de una mujer desconocida dentro de un bidón en Xunqueira de Espadañedo en 2007. Fue el caso de Francelina Rodríguez, por cuya muerte fue condenado un conocido de la finada, David Ferrón, por homicidio por asfixia. «El cadáver estaba totalmente calcinado, salvo el cráneo. Identificamos rápidamente a esa fémina. Eso centró mucho la investigación. Fue determinante para localizar a personas sospechosas de su entorno y detener finalmente al autor del crimen», afirma el también presidente de la Asociación Española de Antropología Forense.

Otra de las indagaciones que han marcado esta primera década fue el hallazgo del holandés asesinado en Petín Martin Verfondern. Tras desaparecer a principios de 2010, su cuerpo quemado junto a su coche no aparecieron cuatro años y medio más tarde. «En ese caso utilizamos técnicas muy novedosas en Galicia y muy poco frecuentes en España. Aplicamos cámaras infrarrojas y fotografía aérea -termografía- y un sonar de barrido lateral para intentar hallar un objeto o cuerpo dentro de un embalse».

¿Cuándo se pide la actuación de la unidad forense de Verín? Depende. «Normalmente es el forense de un juzgado y el propio juez los que piden que intervengamos para colaborar, por ejemplo, en la búsqueda de un cuerpo», explica el especialista. Es lo que pasó con una anciana desaparecida en A Coruña hace un par de años. De nuevo la tecnología se puso al servicio de la ciencia forense. «Tratamos de utilizar un dron, pero la agencia española de seguridad aérea no lo autorizó. Sucedió que el lugar en el que se centraba la búsqueda estaba muy cerca del aeropuerto de Alvedro y está prohibido el uso de aparatos aéreos en ese entorno».

Hay casos que se alargan durante muchos años. Sucede con el de una mujer desaparecida en Pontevedra desde agosto de 2010, Sonia Iglesias. «Cada vez que aparece algún hueso humano en esa provincia nos llaman. Seguimos en alerta sobre este tema», asegura este médico.

Investigación

Aparte del tema pericial o criminológico, el responsable de la unidad ha activado diferentes procesos de investigación en su área. El análisis del hueso hioides con otros siete institutos de medicina legal -muy trascendente en homicidios por estrangulación- o  la esqueletización de restos fetales -importante para determinar la posible causa de la muerte de un no nacido- son algunas de esas iniciativas. Otra es el adiestramiento con perros para la búsqueda de cadáveres en descomposición. «Apenas hay canes especializados en este tipo de rastreos en España», asegura Serrulla.

Cerebros del siglo II

Serrulla tiene otro importante reto a la vista. El estudio de tres cerebros humanos del siglo II hallados en unas catacumbas en Roma. «Fui invitado por una compañera de la universidad de Burdeos para analizar restos de cerebro de hace 8.000 años en Turquía, pero las autoridades de ese país no dieron los permisos oportunos para sacar las muestras de allí», comenta. Curiosamente, esa misma colega francesa le planteó finalmente la analítica de los cerebros romanos, conservados por saporificación -un proceso por el que se conservan algunas partes blandas de cadáveres muy antiguos en el agua-.

«Esperamos concretar esa investigación tan interesante en los próximos meses», sentencia.

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