La historia del hospital de Toén es una historia de estigmas. El edificio fue concebido como leprosería para el noroeste de España. La propuesta no llegó a concretarse y, posteriormente, se pensó en abrirlo como sanatorio para tuberculosos. Así lo recuerda David Simón en un trabajo histórico sobre el hospital que permite concluir que, desde el principio, el aislamiento se vio como receta para enfermedades que tenían, entre otros síntomas, el del rechazo social.
Cabaleiro Goás
El centro abrió sus puertas en 1959. En verano empezaron a llegar los primeros pacientes. Y el hospital psiquiátrico empezó a formar parte del paisaje, y del paisanaje, de Toén.
La doble vocación de David Simón Lorda, psiquiatra e historiador, permiten asomarse a la historia del centro. «El hospital nunca ha tenido muros ni vallas. No hace falta, hay otras barreras tanto o más eficaces. El propio aislamiento físico y el hecho de que la gran mayoría de los trabajadores resida y trabaje en las aldeas y campos de alrededores hace que los enfermos no lleguen muy lejos», relata el médico en un completo estudio titulado Análisis antropológico de un hospital psiquátrico rural.
Fue el gran sueño de Cabaleiro Goás, que quería convertir Toén en un referente nacional de la atención psiquiátrica. Además del edificio administrativo y de los pabellones para pacientes, algunos abandonados, se construyeron y planificaron otros, como una sala de fiestas o una residencia para visitas. Con la muerte de Goás empezó la decadencia, que se agravó en los noventa. Y hasta ahora.