La deriva


Andan con tantas sutilezas, seguramente para ser políticamente correctos, que el mensaje se vuelve equívoco. Resulta que en el Consello Regulador de Rías Baixas ven con preocupación la «deriva de diversión» en una fiesta que pasa por ser uno de los estandartes de la Galicia vinícola, la del albariño en Cambados. Entiéndase diversión, en este contexto, como exceso. Botellón, vaya, o lo más parecido. Igual que en Ribadavia hace cuarenta años, cuando, a la llamada del ribeiro y la hospitalidad, acudían tribus de muy variada procedencia. En Rías Baixas querrían, lógico, que la fiesta se recondujera hacia sendas más «profesionales», que no ven muy compatibles con el consumo en la calle a las cuatro de la madrugada. Lo normal. Cualquier bodeguero/cosechero prefiere ver sus botellas en mesas de buenos restaurantes, o en la barra de locales donde cuidan estas cosas. Y, por esa misma senda, seguramente querrían que a la feria acudiera únicamente un público entendido, o que, al menos, valorara adecuadamente el vino y su calidad. Llama la atención, no obstante, que lo digan y que propongan limitar horario para despachar copas de vino, frente a la flexibilidad de la autoridad municipal. Una buena polémica siempre anima, aunque alguna, como la fritura de los pimientos de Oímbra y su salpicadura en el centro de salud, vaya en otra onda. A vueltas con el horario, en Ribadavia, escarmentados desde hace años, ajustan el toque de queda a las doce. Aquí, para los excesos lleva camino de afianzarse la Istoria, donde es perceptible una cierta «deriva de diversión», con sus seguidores y detractores. El ribeiro, mientras: bien, gracias.

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