Zanzíbar, O Ribeiro y la felicidad de Caneiro, en campaña


Quizás influenciado por la Navidad, por las recientes temperaturas del noviembre más cálido de la democracia o, fijo, por la hermosa prosa poética que Xosé Carlos Caneiro firmaba el jueves en La Voz («O único desafío é ser feliz? Os outros importan menos»), este domingo quería escribir la crónica más alegre del 2015, la que resumiese una luminosa semana ourensana pero (¡ay ese pero que siempre maquilla los más bellos propósitos!), la cita electoral del 20D impide al cronista seguir a Caneiro y «procurar mirar o lado bo de todo e por un sorriso entre os labios». Para no hacer un índice de las noticias de los siete días (entre las que está la nueva chiquillada de Baltar de impedir el acceso a los plenos de la Diputación a quienes no sean del PP y lo hayan solicitado con más anticipación que los viajes del Imserso), me quedo con dos frases, sacadas de sendas entrevistas en La Voz, de quienes optan a ser nuevos padres de la patria.

La una... Es de Rocío de Frutos, esa chica de Valladolid a la que le da repelús hablar en gallego y a la que una facción del PSOE (los militantes en votación libre habían dicho otra cosa) colocó como estandarte de su lista. Dijo: «Si algún día pudiese, me compraría un terrenito en Zanzíbar y montaría un restaurante». A días de que los ourensanos le den sus votos, reconoce que si pudiese se iría de Ourense a invertir sus ahorros sin pensar en hacerlo en la provincia en la que los ganó, a la que dice amar y a la que va a representar. Y se iría para regentar un restaurante que no se le ocurre poner, por ejemplo, en O Bolo, O Irixo o A Teixeira para así intentar reactivar estas zonas deprimidas. Ella aspira a montarlo en África, pero no en la deprimida Burundi, por poner otro ejemplo, y sí en la turística y paradisíaca isla del Pacífico. La frase retrata las prioridades y las ilusiones de la candidata socialista (¡ay si Pablo Iglesias, el de antes, levantara la cabeza!).

Y el otro... Miguel Ángel Viso, el presidente del Consello Regulador do Ribeiro al que Baltar fichó para la lista del PP, dijo: «En Ourense o PP está nun bo momento porque as cousas se fan ben». El hombre que se dedica a la política sin renunciar a la presidencia del Consello (órgano que debía ser plural e independiente) hasta que tenga garantizada la pasta del Congreso, muestra su sumisión a quien le nombra diciendo que el PP pasa por un buen momento. Él no ve al PP que en las municipales dilapidó 20.423 votos, 35 concejales y un diputado provincial; que perdió las alcaldías de Verín, O Carballiño, O Barco, A Rúa, Ribadavia?; que ostenta en precario el gobierno de la capital; que tiene a su presidente, y titular de la Diputación, censurado por esta institución por un feo asuntillo de faldas impropio de líderes públicos? Esto no lo aprecia el candidato al que el 26,8% de ourensanos (y muchos del 43,8% de indecisos) votarán el domingo.

La crónica termina. Quería ser un canto a la felicidad postulada por Caneiro pero parece haber salido del influjo de aquel inolvidable poema de Neruda: «Quisiera escribir los versos más tristes esta noche?». Ourense es lo que es. Razón tenía Rosa Díaz cuando ayer en La Voz decía que «vivimos un tiempo de líderes de plastilina, moldeables». En Ourense se cumple, y con creces, el aserto de la exjefa de UPYD.

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