Crónica | Control telefónico en Ribadavia Funcionarios, trabajadores y concejales de la villa deberán introducir un código propio antes de realizar cada llamada como una medida para contener los gastos municipales
02 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?Control del gasto o vigilancia personal?. ¿Por qué no las dos cosas a la vez?. El gobierno de Ribadavia, a través del responsable de Economía, Javier Iglesias, ha decidido reducir el gasto telefónico en el consistorio, ya que las arcas municipales se encuentran tremendamente depauperadas. Para ello no se le ha ocurrido otra cosa mejor que la de facilitar una clave personal a cada uno de los funcionarios, trabajadores y miembros de la corporación que deberán utilizar indefectiblemente cada vez que quieran realizar una llamada de teléfono. Y punto. De este modo se sabrá el coste exacto de cada llamada y se podrá comprobar además si éstas son necesarias y de interés municipal o algún trabajador se excede en el límite de sus funciones. La medida se planteó en una comisión informativa de Economía durante el pasado agosto, como único punto en el orden del día, y se pretende poner en marcha a lo largo de este mes de septiembre. Al menos esas son las intenciones anunciadas ya a la oposición desde el grupo de gobierno. De hecho está pendiente de concretarse en los próximos días un encuentro informativo con los principales afectados por esta medida, para darles cuenta oficial de tan novedosa decisión y de sus características. Con la boca pequeña, los que ya saben algo de este cambio en el funcionamiento interno del Concello, indican que no obedece a un ahorro, sino a un control de la forma de trabajo y de conocer mejor las relaciones de los ediles con los vecinos. Un extremo que hace pensar, a los más pesimistas claro, que se puedan tomar represalias contra algunas personas a la hora de facilitar determinados servicios, por relacionarse con algunos cargos. Temores, infundados o no, aparte, hay otros que empiezan a mostrar preocupación por el rumbo que toma el Concello de Ribadavia ante unas decisiones que no se explican, como la de fijar también un horario de atención al público.