A CONTRALUZ | O |

16 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EN Valdeorras tuvimos la suerte de disfrutar de la visión de aldeas como Santa Olaia, en Petín, resucitada por la magia del cine en Sempre Xonxa. Ahora, dentro de unos meses, tendremos de nuevo la fortuna de deleitarnos en la gran pantalla con el infinito abanico cromático del mosteiro de Xagoaza, con el embrujo del Teixadal y la magia de las covas, esas bodegas subterráneas donde los valdeorreses ponen a buen recaudo el vino. Por si fuera poco, el regalo viene acompañado con la música de Luar na Lubre, que no es poco. Confieso que son unos de mis favoritos. Estos días los valdeorreses estamos muy agradecidos. A Luar na Lubre por creer que que los paisajes de esta tierra, desconocida para muchos gallegos, es el perfecto escenario para sus temas y agradecidos a Ignacio Vilar por barrer para casa y traernos la cámara de cine a la puerta y permitirnos, de nuevo, soñar Valdeorras en tecnicolor.