La Sala Valente exhibe la segunda edición de «Marzo todo o ano»
23 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.«Habrá que robar, porque a ellos les cuesta soltar». Olga Pastor. El contenedor expositivo de la Sala Valente, coordinada por la directora del Museo Municipal, Eva Torres, se convierte en el «cuarto propio» de un nutrido y heterogéneo grupo de creadoras ourensanas que derriban esos muros preexistentes aferrados al capitalismo cultural patriarcal normalizado, exigiendo la recuperación de los espacios expositivos, repartidos de manera asimétrica todavía en la actualidad como derecho propio a través de los distintos lenguajes e intereses de las obras expuestas de las artistas, que no son las únicas voces en Ourense de la creación en femenino y feminista, ya que existen otras profesionales de elevadísima importancia no representadas en la exposición aunque no por ello se deben obviar.
Es importante no sustentar el simulacro, no caer en pequeñas concesiones para transformar radicalmente la sociedad a través del compromiso, la crítica a las expectativas impuestas y el trabajo, abandonando el rol de víctima para adoptar el de guerrillera. No somos las heroínas mansas de Jane Austen ni las King Kong de la Despentes, ni falta que hace. Sin justificaciones. Por derecho. La coordinación teórica de Olga Pastor acierta al no victimizar pero hace hincapié en el mansplaining que históricamente ha silenciado a las creadoras en los museos, incluida esta Sala Valente.
La muestra constituye un posicionamiento, la visibilización de la otredad. En Ante el dolor de los demás, Susan Sontag insistía en cómo la imagen puede ser un acto de voyerismo o un compromiso ético. Esta elección existe en cada lenguaje desde el más radical al introspectivo en cada sujeto artístico que participa en la exposición. El cuerpo femenino es el último frente del capitalismo, el territorio donde se libra la acumulación originaria en la metáfora de Calibán y la bruja de Silvia Federici.
Marzo todo o ano constituye un manifiesto plástico donde 25 artistas tejen una red de complicidades que trasciende el 8M para convertir la resistencia en un estado permanente de creación, una cartografía de la supervivencia y el deseo.
Como una subversión del concepto y el cuerpo en la dialéctica de la visibilidad y el espacio propio las obras de De Padua, con la gestualidad del aerosol como eje de su investigación pictórica, el símbolo y el reflejo en Ana Navas y Cristina Roo respectivamente; operan como una actualización del «cuarto propio» de Virginia Woolf. Se revela un interés común por la reconfiguración del espacio doméstico, íntimo y simbólico.
En la persistencia de las identidades, la consolidada pintora Carmucha Vázquez Prats (única mujer que expuso individualmente en la Sala Valente), presenta O Afiador, retablo costumbrista de una época. La ingeniosa caligrafía doméstica de Olga Reinoso. Dibuja tejados Elena Guevara con el ímpetu del urban sketche y Susi Ballester, Ana Ferreiro y María Victoria Berjano Cid, exploran la memoria desde «los cuartos de atrás» de la introspección de Carmen Martín Gaite.
Con una estética de la Resistencia, la mirada humana a través del paisaje de la experta en pintura plein air y fundadora de la rama gallega de Urban Sketchers, Isabell Seidel, la efervescencia de la cultura pop y underground de Mayte Diz, la fortaleza de Lola Doporto, el compromiso de Ofelia Cardo y la inmensidad sobrecogedora de lo íntimo de Ana Fernández, el arte se vuelve poéticamente combativo. Es la «alegría de la insurrección» que embiste en la Teoría King Kong; el rechazo frontal a la complacencia, sustituida por una urgencia contemporánea y feroz. Sus obras denuncian lo que Rebecca Solnit define como el silenciamiento sistemático, exigiendo una autoridad narrativa que resuena con el imperativo de Ngozi Adichie.
Artistas como Ehlaba Carballo, que en 76 cuestiona lo individual frente a lo universal, la mágica ternura de Alba Fernández, actualmente en la Galería Dodó Dadá; la elegancia enigmática de María Puertas, el Egeo palpitante de Sula Repani, puertas abiertas a pesar de los anclajes de Anxos do Souto y la ironía de Gill Bird exploran las ontologías del cuerpo-territorio. Sus discursos profundizan en la relación entre la naturaleza, la abstracción poética, de la ironía a la espiritualidad, alineándose con una estética del cuidado que no renuncia al compromiso consciente.
Las voces de Laura Paz Somoza, Inma Solleiro, Lola Veiras y M. Manxela, reflexionan sobre laberintos íntimos y el paso del tiempo. La aportación de Olga Pastor dota de una armadura conceptual a este proyecto expositivo.