Hace un mes que comencé este diario y quiero gritar que juntos vamos a salir adelante

08 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Querido diario, cuando abrieron las puertas del confinamiento, me compré mis primeras mascarillas no quirúrgicas. Me dijeron que mantenían su efectividad 50 lavados y recuerdo que pensé que me iban a sobrar. Vaya ilusa. Empecé a escribir este diario hace exactamente un mes, cuando Ourense era de forma extraordinaria la primera ciudad que volvía a cerrarse. Creía que la restricción se alargaría un par de semanas. Otra valiente equivocación. Llevo 31 días anotando en un papel lo que he ido observando, lo que me ha estado pasando y, sobre todo, lo que siento y lo que innegablemente soy. He intentado deshacerme de todo tipo de filtros para contar con veracidad absoluta cómo es vivir con todas estas limitaciones. Separados de la gente que queremos y sin poder salir de la ciudad. Conviviendo con una pandemia mundial. En estas líneas he hablado a quemarropa sobre amor -y sobre desamor-. He compartido mis dudas, mis miedos y mis problemas. He intentado proponer soluciones y arreglar bajones con recomendaciones de todo tipo. He confesado mis fallos y he destapado parte de mi ridiculez. Me he desnudado por dentro y he involucrado conmigo a parte de las personas que más quiero. He vomitado -incluso literalmente- todo aquello que iba experimentando a diario, con la única intención de entretener. De provocar unos minutos de desconexión, desahogo y empatía con aquellos que estaban al otro lado. De generar reflexión, compañía y muchas sonrisas en un momento tan complicado como el actual. Este proyecto ha sido una de las aventuras profesionales más bonitas y difíciles en las que he tenido la suerte -sin todavía creer en ella- de trabajar. Por eso no puedo evitar la llorera ahora que toca despedirse. Termina un mes de cambios y adaptaciones en esta maravillosa ciudad. Y hoy empieza otro un poco más estricto pero ya común a la mayoría de Galicia. Aunque nuestra Ourense siempre será extraordinaria ya no somos la única ciudad cerrada. Mientras, es posible que suplique a mis jefes que me dejen mantener una publicación semanal de este diario. Siempre hay cosas bonitas que contar.

Aquí he declarado mi admiración por los que luchan por sus sueños y he repetido hasta la saciedad la importancia de apoyar lo nuestro. Este periódico es mi pequeño comercio local, de ahí la implicación y el esfuerzo infinitos. Un genio de la gastronomía me dijo una vez que todo lo que se hace con el corazón y las entrañas sabe bien. Espero que haya estado rico. Y ahora vamos allá. Frenemos este virus juntos. Que pronto volverán los abrazos y tenemos mucho acumulado para celebrar. ¡Hasta siempre!