Una colección de 30.000 calendarios

El ourensano Jorge Torres los tiene clasificados por temática y años


ourense / la voz

Todo empezó por casualidad, cuando Jorge Torres tenía doce años. Su madre, al igual que su abuelo, era cartera y ambos le llevaban calendarios de publicidad de los establecimientos. Al principio simplemente los guardaba porque le hacían gracia, pero con el paso de los años fue ganando interés y comenzó a catalogarlos y a guardarlos en hojas especiales: «Ahora las pido a una empresa de Barcelona pero al principio teníamos que ir varios a Portugal y comprarlas allí». Inició así una afición que dura ya cuarenta años y que le ha llevado a conocer a muchas personas que comparten este pasatiempo.

Actualmente, este coleccionista cuenta con unos 30.000 calendarios de bolsillo de lo más diversos, guardados en álbumes o cajas y clasificados por temas y años. Todo ello gracias a una gran cantidad de horas dedicadas a la búsqueda, compra e intercambio de los mismos: «A mí no me ha dado por venderlos como hacen otros coleccionistas, solo cambio los que tengo repetidos por otros del mismo año y los compro cuando están a buen precio».

El valor de los almanaques varía en función de diferentes factores, como es el caso de la antigüedad o de la cantidad que existen de los mismos. Las series nacionales son más fáciles de conseguir, y por lo tanto tienen menos reconocimiento que aquellos que saca una empresa o marca y cuya edición es limitada. Por otro lado, los fabricados por Fournier -casa conocida especialmente por sus naipes- son muy apreciados y por los que se suele pagar un precio más alto. «Los anteriores a 1980 son difíciles de encontrar por menos de 6 euros», asegura este experto en la materia.

De esta casa, Jorge lleva un registro por temas de forma que sabe exactamente cuales son los que le faltan. «Hay gente que solo se dedica a coleccionar los de Fournier», asegura.

Además de conseguirlos en rastrillos o mercadillos y a través de Internet, Jorge acude a varias reuniones de aficionados: «En Galicia celebramos dos cada año, somos en torno a treinta personas y nos conocemos todos». En esta comunidad se hace una quedada fija en Vigo por el mes de marzo, y alternan otra, unas veces en Ourense y otras en Santiago. A mayores, Jorge se desplaza esporádicamente hasta Madrid, normalmente acompañado de su mujer y de uno de sus hijos, que parece interesarse por la afición de su padre.

Actualmente Jorge cuenta con piezas muy valiosas y extraordinarias, destacando su adquisición más antigua: un calendario de latón de 1925 expedido por el proveedor de bebidas alcohólicas de la Casa Real de entonces. Pero hay dos que quiere especialmente: los calendarios de Coca-Cola de Fournier de 1959 y 1960. «Se quien los tiene, pero pide mucho por ellos», afirma.

Pronto llegarán las series nacionales de 2016, que este coleccionista compra enteras. «Tengo todas a partir de los años noventa, si me falta es el de algún año esporádico» comenta orgulloso.

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