Llevan el nombre de la localidad en la que se criaron y a cuya memoria no renuncian. Son una familia dedicada por entero a cumplir muchos deseos
07 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.En un portal de la avenida de Santiago. Allí empezó, allá por el año 1963, la historia de la joyería Peares, que hoy persiste después de varios cambios de ubicación y muchos avatares en la avenida de As Caldas de Ourense. Tras el mostrador, practicamente todos los membros de una familia que, por distintas razones, se ha ido animando a arrimar el hombro para conseguir que el negocio siga siendo todo un éxito.
Francisco Pérez, el veterano de la casa, recuerda ahora como fue su hermano mayor, ya fallecido, quien le metió en el cuerpo el gusanillo del negocio. «Mis padres eran de Parada do Sil y nosotros nacimos en Chouzán, a once kilómetros de Os Peares, de ahí viene el nombre del negocio», confirma, al tiempo que explica que el primer trabajo del hermano, allí en Peares, fue en una joyería.
«Con los años aquello se fue muriendo y mi hermano decidió montar algo en Ourense», afirma. Así nació el primer negocio familiar en la avenida de Santiago, en un portal del número 46. «Entonces el trabajo era muy distinto porque se arreglaba de todo, desde radios hasta planchas, era lo que había», explica.
Un largo camino
Un año después, el hermano de Francisco cogió el traspaso de un local en la calle de As Caldas y fue entonces cuando él también se decidió a formar parte del negocio. Desde entonces hasta ahora, ha habido dos cambios más de ubicación pero la esencia del trabajo sigue siendo la misma, la de tratar al cliente con la mejor de las atenciones y saber responder a sus necesidades.
Por el camino, también se fue ampliando mucho el personal. Primero fue la esposa de Francisco, Dolores, la que se animó a echar una mano. Años más tarde, y siempre con la ayuda de José Antonio Rey González, un empleado que lleva ya muchos años en la casa, sería la segunda generación la que se sumaría a la tradición.
«Yo decidí plantar los estudios y venirme a la joyería, estaba seguro de que me gustaba y ya no quise hacer otra cosa», explica Óscar, muy satisfecho ahora de haber tomado aquella decisión. Sus pasos los seguiría tiempo después su hermana mayor, Elena, quien también ha convertido el negocio familiar en su modo de vida.
Eso sí, de cara al futuro, y aunque la tercera generación ya corretea por la casa, no está tan clara la continuidad de la saga. «Viendo como está la cosa, lo dudamos...»
Sin embargo, en el barrio no hay nadie que no los conozca. «A veces vamos por la calle y alguien nos saluda y no nos damos cuenta, pero siempre es un cliente», cuentan.
En cuanto al oficio, y aunque hoy en día ya no arreglan planchas, la familia recuerda que durante todos estos años han seguido manteniendo el taller de joyería con el que comenzó la primera generación. Como no, la tienda ofrece todo tipo de artículos de oro, plata, relojes y regalos muy diversos y concebidos para distintos públicos.
Prueba de que la cosa no va nada mal es que en pocos minutos, durante el tiempo que nos lleva hacer esta crónica, apenas hay un momento para hacer la foto. Los clientes no paran de entrar. Algunos para cambiar una pila del reloj, otros para comprar un regalo, otros para recoger un encargo... El tiempo no se para en la joyería Peares.