Los sindicatos policiales se muestran muy críticos con el subdelegado del Gobierno por su aplauso al ex comisario, José García, en la toma de posesión de García Mañá
22 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Lleva Luis Manuel García Mañá, policía y escritor, tres meses al frente de la policía en Ourense. Es poco tiempo, pero ha sido suficiente para lavar la cara de la comisaría y rebajar la tensión. Con el reglamento en una mano y el reloj en la otra, recordó a más de uno que su nómina mensual era más abultada que la de muchos de sus compañeros, particularmente la de quienes salen a la calle uniformados. Su llegada y sus primera decisiones tuvieron efecto. Como la alfombra cuando es sacudida con fuerza. Aquí fue de arriba hacia abajo. La oxidada estructura se resintió y cayeron los primeros damnificados en la zona alta. Tres inspectores jefe, visto el espectacular cambio de rumbo que imponía el nuevo comisario, decidieron, a las primeras de cambio, adelantar el momento de la jubilación. Se fueron a casa, de la misma forma que el antiguo jefe, José García, decidió dejar libre la vivienda que seguía ocupando en la comisaría. Como recuerdo de esa corta estancia le queda saber que alguien de la casa le rajó las cuatro ruedas del coche. Interlocutores García Mañá marcó su territorio desde el mismo momento que ocupó el despacho, dejó claro que pretendía abrir una nueva etapa y romper con la inercia y la tensión de los últimos años. Y en esa línea ha trabajado. Los representantes sindicales de los policías recuperaron el papel de interlocutores que tienen en cualquier empresa, pero que aquí, en la comisaría de Ourense y en la etapa de José García, se había deteriorado hasta extremos difíciles de entender. Que la situación iba a cambiar quedó claro el día que el jefe superior de Galicia, cuando García apuraba sus últimos días al frente de la comisaría, asistió en lugar bien visible a la reunión que celebraba en Ourense el mayoritario Sindicato Unificado de Policía (SUP). El gesto no pasó desapercibido: era una mano tendida y también una desautorización en toda regla a la política de confrontación. La llegada del nuevo comisario fue un paso más. García Mañá ha tratado de que los policías recuperasen su muy tocada autoestima profesional y lo ha conseguido. Salvo excepciones, la mayoría está a gusto. Y lo exterioriza sin rubor. Aunque sepan que ahora trabajan más que antes.Llega entonces el momento de la toma de posesión del comisario. Fue el jueves pasado. Mientras el jefe superior de Galicia, escueto y educado, se limitaba a agradecer los servicios prestados por José García, con un García Mañá más preocupado por el futuro que por el pasado, igual por la forma que por el fondo, Rosendo Fernandez, el subdelegado del Gobierno, reivindicó su cuota de protagonismo, dio un paso más e hizo revivir viejos fantasmas. El tono de sus palabras no pasó desaparcibido en la comisaría de policía. Alarmas activadas Aplaudir a José García, como el jueves hizo el subdelegado del Gobierno, ha puesto en guardia a los sindicatos y reavivado las alarmas. Tal vez haya sido, sugieren algunos, un simple gesto de cariño hacia una persona, José García, que casi salió de puntillas, sin grandes despedidas ni reconocimientos después de diez años al frente de la comisaría de Ourense. Pero ni así. Los sindicatos policiales mayoritarios, SUP y UFP (Unión Federal de Policía), se han puesto en guardia. Por si alguien trata de hacer la cama al jefe recién llegado, ese mismo que, paradojas de la vida, exige más trabajo pero obra con criterios estrictamente profesionales, sin dejarse enredar en enjuagues. El sonado incidente en el que se vio implicado el hijo de un ex inspector de policía ahora dedicado a la política, con la posterior intervención de éste, dejó claro con quién estaba el comisario. Con los suyos. Golpe bajo La intervención del subdelegado del Gobierno no ha caído en saco roto. Más bien ha levantado ampollas en medios sindicales, sin duda el mejor termómetro para evaluar el sentir de la comisaría. La opinión del SUP y la UFP sobre el trabajo del anterior comisario es sobradamente conocida, como lo es la franca sintonía que mantienen con el actual. Las palabras de Rosendo Fernández se han visto, por ello, como un golpe bajo. O una frivolidad.Amador Figueiral y Enrique Camoeiras, portavoces del SUP y la UFP, respectivamente, creen que el subdelegado del Gobierno debería ser «más riguroso, más serio y procurar hablar con propiedad cuando en un acto institucional dice de una persona que ha sido un funcionario ejemplar cuando ello no es cierto y él, mejor que nadie, debería saberlo». Por si quedan dudas de su posición y sus afinidades.