DIAGONAL | O |
17 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.UN detalle el de la vecina de Oímbra que, después de sufrir el robo de un centenar de cebollas, se molestó en alertar sobre el potencial riesgo que suponía comérselas. Avisó al caco y también al seguramente involuntario cómplice que las pudiera comprar. Ocurre que los tratamientos fitosanitarios, para prevenir o curar enfermedades de las plantas, requieren de sus plazos y sus tiempos. Y ocurre que aquellas cebollas, tal cual se las habían levantado, no estaban a punto, es decir, que había un cierto riesgo de que su ingesta desencadenase algún indeseado cuadro de intoxicación, más leve o más grave. La mujer, previsora, dio la voz de alarma. Seguramente estará dolida por haberse quedado sin cebollas, pero más le pesaría cargar con otras responsabilidades. Merece anotarse el gesto, sobre todo cuando es sabido que otros apuran los tratamientos hasta el último momento, con el indisimulado afán de obtener las mejores cosechas. Total, dicen, se lo van a tomar otros... Esta mujer seguro que no utilizó nunca el hinchamorros , legendario invento que, según nos decían años ha, echaban los más previsores (cabroncetes, digamos) a los árboles frutales expuestos a los chavales. Vaya si intimidaba: aún no sabíamos de la funesta silicona... ¿Será el fin de la impostura?