Temporada alta de cachuchas para el cocido: 1.500 vendidas en solo dos semanas

R. N. P. OURENSE

O CARBALLIÑO

José Antonio Prado y Natalia Costa, delante del escaparate de Jamones Farruquiño
José Antonio Prado y Natalia Costa, delante del escaparate de Jamones Farruquiño MIGUEL VILLAR

Jamonería Farruquiño, en Dacón, es un referente en la comarca

18 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

O Carballiño descuenta las horas para la Festa da Cachucha, que este domingo pondrá el colofón gastronómico al ciclo de entroido en la capital carballiñesa. Uno de los establecimientos que nutre de producto a restaurantes y particulares se encuentra en Dacón (Maside). Desde principios del siglo pasado, Jamones Farruquiño es un referente en todo lo relacionado con el cerdo. La tercera generación liderada por José Antonio Prada y su mujer Natalia Costa viven estos días su temporada fuerte de trabajo. «En estas dos semanas previas a la fiesta podemos despachar unas 1.500 cachuchas para restaurantes y particulares. Es el momento de más trabajo para nosotros, pero también el más divertido», señala José Antonio.

Y es que tanto él como su mujer son muy carnavaleros. Desde hace muchos años decoran su escaparate con motivos de entroido. Este año, un cerdo disfrazado y su cachucha recibe a los visitantes a Jamones Farruquiño. Ambos, además, aprovechar ayer el día festivo para participar en el desfile de carnaval de O Carballiño. Van desde hace casi cuatro décadas en la comparsa Arreiriños de Dacón. Está formada por 138 componentes y es una de las grandes animadoras de la fiesta en la villa carballiñesa. Este año el motivo de su disfraz era Guerreros del Fuego Eterno.

Tras la pausa festiva, José Antonio y Natalia se preparan para intensos días de trabajo para dar abasto a la venta de cachuchas. El negocio de 125 años de antigüedad comenzó con la venta de carne en las ferias y ahora cuenta con unos secaderos y una tienda propia en Dacón con charcutería y productos delicatesen, con envío a domicilio incluido. Para que un proyecto familiar vaya ya por la tercera generación y sea centenario, está claro que sus responsables han hecho muchas cosas bien. Tanto su fundador, José Antonio Prado, Farruquiño, como sus descendientes han tenido que una de las claves pasaba por estar siempre a la vanguardia en el sector y apostar por la «actualización» del negocio. Por eso, supieron evolucionar de la compra de jamones en las ferias a un modelo de negocio actual mucho más profesionalizado. En sus inicios, los feriantes recorrían durante cinco meses los principales mercados para hacerse con las piezas más codiciadas de jamón. Luego llegaba el proceso de curación, recuerda José Antonio, que podía durar entre ocho o diez días en las propias viviendas de Dacón, donde eran habituales los curaderos, toda vez que esta pequeña localidad de Maside fue cuna de un gran número de jamoneros. Poco a poco fueron cerrando muchos negocios, pero Jamones Farruquiño supo mantenerse hasta la actualidad.