Solo los vecinos del primer piso se atrevieron a dormir en el edificio
21 jul 2012 . Actualizado a las 06:00 h.El edificio número 20 de la calle Eusebio Lorenzo Baleirón de O Carballiño presentaba ayer la imagen de una zona de guerra. Con vallas y cordón policial impidiendo el libre tránsito de peatones por delante del portal, y buena parte de su fachada desaparecida, el destrozo provocado por la explosión de gas dejaba a la vista de los que pasaban por la zona los daños en techos y paredes en cuatro de las habitaciones del segundo B, el piso en el que se produjo la deflagración. También seguían siendo evidentes los daños en ventanas y balcones, tanto del propio edificio como de inmuebles cercanos. Algunos cartones y las persianas bajadas intentaban preservar la intimidad.
El suceso que conmocionó en la mañana del jueves a la localidad carballiñesa, y que levantó de sus camas a muchos vecinos de los edificios colindantes, seguía siendo ayer el tema de conversación no solo en el barrio de San Ramón y la zona cercana al templo de A Veracruz, sino en toda la villa. Las dudas sobre cómo se produjo esa explosión siguen sin aclararse, y ayer se barajaban todas las conjeturas, desde un despiste a un mal funcionamiento de algún aparato de cocina, pasando por una presunta intencionalidad.
En el edificio, con tres puertas por planta, había en el momento de la explosión ocho personas -otras dos acababan de salir de casa- pero ayer solo amanecieron en él los vecinos del primer piso. «A las tres de la tarde, después de revisarlo todo, los técnicos nos dijeron que no había peligro por daños en la estructura y que si queríamos podíamos dormir aquí, aunque algunos prefirieron irse con familiares o a la casa del pueblo los que la tienen», narraba ayer Consuelo, propietaria de uno de los primeros. En las viviendas de la segunda planta, mucho más afectadas por la explosión, los habitantes optaron por no pasar la noche.
Algunos propietarios esperaban recibir ya en la jornada de ayer la visita de los peritos de sus compañías aseguradoras para evaluar los daños y empezar con los arreglos más urgentes. «Luego no sabemos cómo harán, ni si se lo pasarán a la compañía de la comunidad, porque en principio, mientras no se aclaren las causas no sabemos si el de la comunidad cubre los daños», señalaban.