Sigue manando la herida abierta en el PP tras la sucesión dinástica. A casi un mes del congreso no se visualiza, como sería menester, la cicatrización de las heridas abiertas. Todo lo contrario. La sangre mana a borbotones por la sed de venganza de los ganadores y por la sed de libertad de los perdedores. Ya nada es como fue hasta el 30 de enero. A Baltar ese día, con el apoyo a su hijo, se le pagaron muchos favores. Y ahora es el hijo el que tiene que llevar la batuta y ejercer el liderazgo. En Xinzo ya se visualizó que sin el progenitor no es capaz y con él tampoco. Fue el primer golpe. En O Carballiño ya se notó el segundo. Argimirito Marnotes (el hijo de aquel gran alcalde carballiñés que puede decir con honor que la política no le dio un chavo, todo lo contrario) perdió la votación para celebrar el congreso local. Él, baltarista de pedigrí, sufrió el bofetón de la militancia que empieza a disfrutar del valor mágico del voto de cada militante. Pero donde más se notó la pérdida de poder de Baltar hijo (y consecuentemente de Baltar padre) fue en la votación de la CEO para elegir candidatos a la Cámara. ¿Qué quienes quedaron con puntuación similar a la de John Cobra? Precisamente los dos cuya carrera social auspiciaba el menor de los Baltar. Todo un símbolo.