«El pueblo no pierde nunca la propiedad de la pieza»

Curas o vecinos recogen los objetos custodiados para las celebraciones y los devuelven al terminar


ourense / la voz

El responsable del Archivo Diocesano explica que la mayor parte de los bienes custodiados, más de 600, son objetos de orfebrería, como cruces o cálices. También hay un centenar de esculturas, además de ropajes que hoy ya no se utilizan pero que por su ornamentación tienen un valor de etnografía religiosa más que crematístico.

-¿Los vecinos pueden recuperar los objetos custodiados?

-Son bienes de las parroquias. La propiedad nunca se pierde y de hecho, vienen a buscarlos para las celebraciones. A lo largo del año hay muchos sacerdotes o vecinos, que vienen a por ellos porque tienen una fiesta o una celebración. Es un movimiento de casi todos los días. Cada pieza que llega se registra y se le da al sacerdote un papel con una fotografía que se le hace para que lo muestre a los vecinos y vean que está aquí. Cuando sale para una ceremonia vuelve a hacerse un documento con la identificación de quien se la lleva y la fecha, y cuando regresa lo mismo. En alguna parroquia han dicho que preferían comprar una caja fuerte y guardarla ellos. Desgraciadamente no todas tienen esa capacidad. La realidad de la despoblación se impone y es cuestión de sentido común, pero creo que determinadas cosas no deben forzarse. Si realmente el pueblo focaliza en ese objeto su devoción, debe quedarse allí; y hablo por ejemplo de las imágenes de los santos, que es en lo que más suele centrarse ese sentimiento.

-¿Y la opción de hacer copias?

-Eso cuesta dinero y hay parroquias que no tienen ni para pagar la luz, así que menos para encargar una copia de una imagen. Hay pueblos que ya no tienen ni la fiesta del patrón porque no hay gente; como ocurre en zonas de Castro Caldelas, por ejemplo. En esos lugares el problema ya no son solo piezas sueltas, sino incluso los retablos que se están deteriorando y a los que habría que buscar otras ubicaciones en iglesias que tienen aún vida y algún futuro y que se comprometan a cuidarlo. Aquí no hay capacidad ni lugar para ponerlos. Otros los roban, como pasó con el de San Paio de Abelenda. Se lo fueron llevando a trozos, porque allí no se entra con un coche. Y eso que estaban las puertas tapiadas. Eso puede seguir sucediendo en iglesias que quedan abandonadas y que, sea de mayor o menor valor, tienen un retablo. Si la despoblación sigue a este ritmo nos vamos a encontrar en pocos años con más de 200 parroquias que no tienen posibilidad de mantenerse y cada una con retablos y otros elementos que si siguen deteriorándose o son robados no podrán aprovecharse para otras iglesias. Acabamos de traer para el centro de restauración unos cuadros enormes que había en Santo Estevo de Ribas de Sil que ni se ve lo que hay pintado. Aunque son recuperables están muy dañados. Se encontraron en la sacristía llenos de polvo y con lluvia sobre ellos.

-¿Qué ocurre después de restaurar una obra de este tipo?

-En este caso pienso que como pertenecían al monasterio lo ideal es que pudiera quedarse en el Parador, por ejemplo, porque la climatización evitaría que dentro de poco estuviésemos en la misma; como pasó con una tabla de pintura de Montederramo que ya se restauró dos veces y ahora está en el museo de la Catedral a la espera de que habiliten para ella un sitio protegido en la parroquia; o con otra de Melón, que se restauró y vuelve a estar allí llena de hongos.

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