ourense / la voz

Durante el siglo XX, todos los médicos que trabajaron en Maceda eran oriundos del concello. Como José Manuel Lage Parente, que se jubiló hace unos años después de cuarenta de ejercicio profesional. «Sempre me gustou o rural e fun moi feliz aquí», proclama. Además de múltiples amistades que sigue manteniendo, Lage ha dejado un legado importante en su municipio: el museo del médico rural. Ubicado en la planta baja de la casa consistorial, está organizado en nueve salas temáticas en las que se expone material médico original desde principios del siglo pasado hasta nuestros días.

Así, hay una vitrina con una recreación de una antigua botica de 1900. La penicilina, explica el médico, no llegó a España hasta mediados de siglo y a Galicia, en 1960. Antes, los boticarios trabajaban estrechamente con los médicos y hacían lo que les pedían con fórmulas magistrales y plantas. Del farmacéutico local Juan Vidal se conservan en el museo objetos como un pastillero de 1900, una caja para el tratamiento de la sífilis o antiguas básculas de precisión. Su hijo se hizo radiólogo y trajo a Ourense, en 1930, el primer aparato de rayos X, que también se puede ver en el museo del médico rural. Era transportable, se guardaba en una maleta y con él se podían hacer radiografías a domicilio que se revelaban en una furgoneta.

En el museo hay una sala de radioscopia, con aparato de rayos X fijo, y los pesados mandiles y guantes de plomo que se usaban como protección frente a las radiaciones y que, debido a su incomodidad, desecharon muchos médicos, que luego pagaron las consecuencias en su salud. También se puede ver un cuarto oscuro en el que se revelaban las radiografías.

Quien da todos los detalles a quien visita hoy el museo es el propio doctor Lage, aunque pronto estarán terminados los letreros que explican qué es cada elementos y un mural con la historia de los médicos de Maceda. Uno de los cuadros que decora este bajo, que antes era la guardería y se transformó en museo sin gastos en obras, es la reproducción de un alfarero de la imagen de un médico a caballo. «Ata mediados de século íase a cabalo polas corredoiras para chegar aos domicilios. As ambulancias eran carros. Nos sesenta abríronse camiños e os coches xa se achegaban aos pobos», cuenta Lage.

Otros cuadros, de Baldomero Moreiras, Paco Ascón o Leandro Sánchez, reproducen escenas cotidianas de los médicos rurales. El de Moreiras está dedicado a otro querido médico rural, Francisco Rey, que ejerció en Celanova. «Para min, eran héroes silenciosos e artesáns da medicina. Facían marabillas e atendían a xente cun trato familiar e moi humanitario. Decidín facer o museo como homenaxe ao médico rural», explica Lage.

En la sala principal se pueden ver originales de igualas o documentos privados que hacía el médico de familia. Los pacientes pagaban a final de año y el médico se responsabilizaba de atenderlos. Y si no había dinero, lo hacían también, por su labor humanitaria, aclara Lage. En el museo hay fonendos de distintos tipos, aparatos antiguos y modernos para tomar la tensión, fórceps -que era el primer regalo que recibía un médico al graduarse y que se usaba en los partos difíciles, en una época en el que el 90 % de los nacimientos eran en casas particulares-, maletines o cajas con material para hacer autopsias, pues era algo que también hacían los médicos. El maletín del médico llevaba jeringuillas, termómetros -en el museo se puede ver la evolución- bisturís o pinzas, que se esterilizaban en las casas. Todo se puede ver en este original museo de Maceda. Lage no conoce que haya otro igual en España o Europa dedicado al médico rural. Permite recorrer, desde la perspectiva de la medicina, una parte de la historia de Galicia.

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El legado del médico rural