Que una ourensana de Cortegada acceda al cargo político más relevante del deporte gallego no es algo que suceda todos los días. Y, de hecho, invita a la reflexión.
Porque Marta Míguez no es mujer de sillones. Ella misma declaraba, a bote pronto, que en el mundo del deporte -sobre todo en el suyo, en el atletismo- el trabajo es evaluado por las marcas, por el cronómetro, la altura o la longitud en su caso. Desde luego, a aquella niña que salió de Cortegada y llegó a una Olimpiada nadie le puede reprochar su laboriosidad.
A la vista están también muchos de sus logros profesionales. La dedicación no se la puede discutir nadie a Marta y, sin embargo, en las veredas políticas se encontró en la diana de los dardos de Democracia Ourensana. Quizás la figura de la funcionaria no es la más adecuada para librar batallas dialécticas en los debates, pero ahora el curso de las aguas ha variado.
Con Lete Lasa en el Consejo Superior de Deportes y Míguez Telle en la Secretaría Xeral para o Deporte, el voto de confianza por la atleta olímpica parece justificado. Ella tampoco se cortó en admitir que asumía una gran responsabilidad y de ese carácter que demostró en ocasiones anteriores puede beneficiarse un mundillo en el que prácticamente se crio y para el que ha dedicado muchos de sus empeños.
Sí, es cierto que quienes aman el deporte se han llevado muchas decepciones procedentes de los políticos, pero no lo es menos que aquella que pisó el barro antes de sentarse en el sillón puede tener otra perspectiva que no contemplen en otros despachos. Tiempo al tiempo.