Es reconfortante comprobar que, aunque lo parezca, no todo lo de fuera es mejor y que hay cosas nuestras de gran calidad.
Lo primero pudo nacer de un cierto complejo de inferioridad, considerando de calidad lo foráneo y no lo propio. Y esto, a veces, con la colaboración de alguien de los nuestros, que permitía por razones bastardas ir arruinando dulcemente la riqueza de la que se tratara. Algo así sucedió, entre otros casos, con nuestras razas ganaderas autóctonas y, como decía un maestro mío, también ancestrales.
Gracias al gran trabajo e interés de nuestro singular centro ganadero de Fontefiz, en Coles, y a la federación de razas autóctonas, se está consiguiendo detener el punto de extinción, entre otros, de cinco razas de vacuno.
Como complemento del trabajo zootécnico, tratan de promocionar el conocimiento de la gran calidad gastronómica de sus canales. Ahora le ha tocado a la vaca vianesa, que de las manos y fogones de Flavio Morganti en el restaurante Galileo, se hizo una auténtica exhibición de lo que se puede hacer con una buena materia prima.
Es una más de nuestras riquezas, que no somos capaces de situar en ese primer lugar del mercado que nos daría más nombre y más dinero. Enhorabuena a los promotores y colaboradores por la esperanzadora iniciativa.
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