La sidra como puerta de entrada al agro

Una veintena de personas se forman en Celanova en la producción de manzana en un taller que recuperó una finca experimental desde cero


Ourense

Cada vez son más las personas que miran hacia el agro como una vía de salida a la falta de oportunidades laborales en otros terrenos. Perfiles que hasta hace unos años eran impensables en el sector primario, ahora se meten de lleno en busca de una vía de negocio y de sustento económico. Fomentar la búsqueda de nuevas manos que lleguen para recuperar fincas y explotaciones abandonadas hace años es, precisamente, el objetivo final que busca un taller de empleo que desde hace unas semanas tiene en marcha la Xunta de Galicia en el Concello de Celanova. Una veintena de personas, principalmente parados y con un perfil variopinto, participan en una experiencia que pretende dar las herramientas necesarias, tanto a nivel práctico como teórico, para que los participantes reciben nociones para la producción de manzana y para la elaboración de sidra. En la iniciativa también participan los municipios de Bande y de Verea y tiene una duración de nueve meses.

 El obradoiro «Pomares, fruticultura para revivir» se estructura en dos bloques, uno de ellos dedicado a especializarse en fruticultura en el que participan nueve alumnos y el otro, más teórico, en la gestión de la producción agrícola que reúne a diez. Rosa Fernández, técnica del proyecto, explica que en el caso de la producción de manzana se empezó desde cero y se apostó por recuperar una parcela situada en Castromao, Celanova. Los integrantes del taller aprenden, de este modo, todos los pasos que hay que dar hasta llegar al objetivo final de comercializar la sidra.«É unha finca experimental que empezamos de cero. Que vexan todos os traballos que hai que facer para preparar unha finca desde análisis de solo, enmendas a laboreo do solo, e finalmente levar a cabo a plantación», señala. Ana Isabel Cid, docente del taller de fruticultura, explica que durante los nueve meses de formación se ve una evolución importante en los alumnos: «Todos os meus alumnos non tiñan experiencia e van collendo práctica, neste período da tempo para que collan destreza para plantar e traballar con máquinas».

 Rosa Fernández confía en que superados los nueve meses de formación, en los que los participantes cuentan con un contrato de formación y aprendizaje, los integrantes del obradoiro estén listos para vincularse, de una manera u otra, al campo: «Queremos formar a xente con actividades vinculadas ao agro e que poidan desenvolverse no rural, que tan abandonado está. Por un lado fixamos a población e por outro que os terreos abandonados se recuperen para que non nos chegue o monte á casa, porque iso non é o normal».

Cuatro años de espera 

Una vez que se planta el árbol, el tiempo de espera hasta que da resultados y se puede empezar a explotar la manzana para la elaboración de sidra se sitúa en torno a los cuatro años. Teresa Rodríguez es partidaria de realizar la plantación cuando «quere empezar a primaveira», es decir en el mes de marzo, aunque detalla que también se puede optar por realizarla a finales del otoño. «Se a planta non tivo tempo de arraigar no terreno, vai ser más vulnerable ás xeadas, por iso considero que sempre é millor ir hacia épocas de temperaturas máis altas», concluye. En cuanto al período de maduración y recogida, dependen de la variedad y de la climatología, por lo que se extiende desde finales de agosto hasta octubre. Sobre el clima que necesitan para sacar el máximo rendimiento a cada árbol, la técnica de este taller dual señala: «Son bastante tolerantes. O feito de que sexan autóctonas implican que estén adaptadas a este medio e son bastante resistentes, o único que non soportan ben é o exceso de humidade». En la finca experimental de Celanova se han plantado una decena de variedades autóctonas.

«Era un urbanita nato»

El perfil de los participantes en el taller de empleo lanzado por la Xunta en Celanova no es homogéneo y va desde jóvenes que tienen entre 18 y 19 años a personas mayores de cincuenta años. La mayoría de ellos estaban en el paro y ahora gozan de un contrato de formación y aprendizaje por un período de nueve meses. Entre los participantes no había mucha experiencia previa, pero sí muchas ganas de aprender y acercarse a los trabajos del agro. Dario Álvarez, por ejemplo, participa en el módulo de gestión. «No se trata solo de cultivar el rural, sino de explotarlo. Identificamos no solo donde hay terrenos con manzanos, sino donde hay potencial para volver a plantar con vistas a atraer a la industria de la sidra». Afincado en la provincia de Ourense desde hace catorce años, nació y se crió en Argentina y reconoce que no tenía experiencia previa ninguna: «Era un urbanita nato. Soy de Buenos Aires e hijo de gallegos».

Esmeralda Mosquera, por su parte, llegó a Celanova desde Venezuela y se muestra encantada de formar parte del taller y descubrir que las tierras de Galicia son aptas para la plantación de manzanas: «Es mi primera vez en el mundo del campo. La verdad es que es muy interesante y hay muchas tierras en Galicia por recuperar, y los jóvenes no quieren hacerlo mucho». Reconoce que su motivación final es «apostar por emprender en el rural. No sé si podré vivir de ello, pero desde luego puedo sacarle rendimiento a las tierras que tenemos».

No todo es plantar

Los responsables del obradoiro de la Xunta son conscientes de que no todo en el agro es plantar y que para tener éxito en una apuesta de negocio de estas características también es muy importante tener las ideas claras sobre los pasos a dar desde el punto de vista de la gestión de la producción agrícola. De darles a los miembros del taller una noción teórica se encarga Alberto Fernández: «Analizamos as rendabilidades e os custes dunha producción agrícola. Utilizamos moito as ferramentas informáticas para darlle á xente todas as posibilidades para chegar ao éxito no medio rural». En el caso de los frutales y de las manzanas, el docente del taller explica que la «batuta para determinar si un proxecto é viable ou non é o mercado. Entre os principais atrancos para alguén que empeza de cero é que para lograr unha rentabilidade necesitas unha superficie de polo menos cinco hectáreas para que poida vivir unha persoa e moita mecanización. En Galicia, a agricultura é historicamente de subsistencia».

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