Alumnos de toda Galicia exponen en la Tecnópole ochenta inventos y proyectos originales
07 may 2019 . Actualizado a las 08:16 h.No todo está perdido en el mundo de las vocaciones científicas. Galicia tiene cantera, como demostrará la próxima edición de Galiciencia que se desarrollará en las instalaciones de la Tecnópole, en el parque tecnológico de San Cibrao das Viñas, desde mañana hasta el 10 de mayo.
La mayor feria científica de Galicia ha recibido para esta decimocuarta edición -dedicada a la salud y los buenos hábitos-, nada menos que 134 proyectos a concurso de alumnos de Educación Secundaria y Bachillerato. La cifra supone un crecimiento importante sobre años precedentes en los que se rondaban los ochenta. El jurado ha tenido que esforzarse al máximo para seleccionar a los 50 que se expondrán durante la feria y que serán los que compitan por los tres premios en juego. Los ganadores se llevarán mil euros y participarán representando a Galicia en la feria estatal Exporecerca, de la que sale el representante de España para el concurso internacional de jóvenes científicos. Los segundos irán a Zientzia Azoka que se celebra en Bilbao y los terceros participarán en el programa de actividades de los Museos Científicos Coruñeses en la Semana de la Ciencia.
Pero más allá de los premios, Galiciencia es, para todos los participantes, un impulso a sus potencialidades científicas y el reconocimiento público a ese esfuerzo investigador. Además de los proyectos a concurso, la cita permitirá disfrutar de otros 30 trabajos presentados por alumnos de Primaria y ofrece multitud de actividades lúdicas, juegos y concursos.
El IES de Celanova presenta un estudio sobre alimentación en adolescentes
El IES Celso Emilio Ferreiro de Celanova presenta un estudio realizado sobre alimentación, salud y actividad física en adolescentes. Dos alumnos de 3º de ESO, Félix Rodríguez y Émily Rivera, realizan la presentación. Félix precisa que en el estudio trabajó también otro compañero, Óscar. Hicieron cien cuestionarios a alumnos de la zona de Celanova, con preguntas sobre salud, el IMC, la actividad física o factores externos o hereditarios. La media del IMC de los dos grupos de edad analizados (de 8 a 11 años y de 12 a 15) fue de 18, dentro del normopeso, explica Félix. En Galiciencia, invitarán a participar en un juego de cálculo de azúcar en una bebida de cola.
Una aplicación ayuda a enfermos renales con su dieta
El IES O Couto presentará una aplicación diseñada para ayudar a los enfermos renales, especialmente a los trasplantados, enfocada a la nutrición, un aspecto fundamental para su salud. La idea del proyecto, elaborado por un grupo de alumnos, y que defenderán en la feria, Luis Martínez García y Lucía Gómez Montecelo, nació dentro del programa de atención específica al alumnado con altas capacidades que tiene el centro y en el que se incluyen actuaciones de ampliación curricular trabajando. «Pensamos trabajar la asignatura de TICs y, paralelamente, la orientadora del centro quería hacer unas charlas de concienciación sobre trasplantes y enfermedades renales. Ella nos comentó que el tema de la alimentación en estos casos es muy complicada, de ahí la idea de plantear una ayuda en forma de app. La idea nos permitió trabajar gran parte del currículo de modo práctico», explica Pablo Rodríguez Nóvoa, el profesor encargado del apoyo a alumnos con altas capacidades.
Los alumnos comenzaron el trabajo con la búsqueda de información -en webs, manuales médicos y de asociaciones de afectados-, relacionadas con las indicaciones dietéticas para estos pacientes «y algunas de las recetas fueron revisadas por nutricionistas», amplía.
A partir de ahí, cuatro equipos se encargaron de hacer realidad la aplicación repartiéndose el trabajo de programar, diseñar, documentar e incluir fotografías. A la aplicación le falta todavía un paso: el de la supervisión de los propios enfermos, a quienes quieren enviársela para recibir sus sugerencias y aportaciones antes de que esté completamente operativa.
Una pulsera para epilépticos y una diadema para mejorar la concentración
Dos de los proyectos elaborados en las Aulas da Tecnópole para esta edición de Galiciencia tienen en común la conjunción de aspectos sanitarios con la tecnología: una pulsera capaz de detectar cuándo se está a punto de producir un ataque epiléptico y una diadema que estudia las ondas cerebrales para trabajar aspectos como la concentración de los alumnos en el proceso educativo.
Ambas propuestas coinciden también en que van firmadas por mujeres, algo que no sorprende ya entre los docentes que coordinan esta aula. «Nos pasa mucho que las chicas tienden a la rama científico sanitaria o de biotecnología», confirma David Ballesteros, que ha sido el docente encargado de guiar a las participantes en estos proyectos. «Nosotros nos limitamos a ofrecer a los participantes posibles temas, sobre todo para los que son nuevos, pero nuestra intención es que ellos decidan lo que quieren investigar y normalmente los veteranos ya son ellos los que ven ellos las posibilidades», matiza.
En el caso de la pulsera, que ha sido diseñada y construida con una impresora 3D por Antía Ollero Cadilla y Lucía Rodríguez Parry, ambas alumnas de 2º de la ESO, empezaron el proyecto por su inquietud sobre la soledad de los mayores y las caídas que podían sufrir sin que nadie les ayudase por vivir solos. Luego vieron que la idea podía tener más aplicaciones, como en el caso de patologías que puedan ocasionar caídas o convulsiones. La esencia de la pulsera es un sensor de movimiento que permite monitorizar el cuerpo. La electrónica que le colocan les permite fijar que la lectura se realice en el parámetro que se desea «bien movimientos bruscos, o bien una caída hacia abajo». Además pueden conectarla con un teléfono, cuyo número se memoriza previamente, de forma que envíe una alerta a la persona que, por cercanía, pueda ayudar con rapidez.
Por su parte, Gema da Rocha Casas, que estudia primero de Bachillerato, se embarcó en solitario en el diseño de aplicaciones educativas, utilizando un sistema de encefalograma de muy bajo coste para medir el nivel de concentración y poder trabajar en su mejora en las aulas. Decidió utilizar una diadema que lee ondas cerebrales y que fue creada inicialmente por un fabricante de juguetes americano, para conectarla a un ordenador y crear aplicaciones orientadas a la educación utilizando modelos virtuales de realidad aumentada que permitan ver en la pantalla aspectos como, por ejemplo, el nivel de concentración de un alumno cuando realiza determinadas tareas.
Otro proyecto de las Aulas de la Tecnópole es el de Iria González Álvarez, que desvelará que el azar no juega un papel tan importante en el concurso The Wall como pueda parecer. Este juego televisivo se basa en una bola que cae a través de un panel hacia una cantidad u otra de dinero. Iria desvela que las probabilidades de que la bola llegue a una cifra u otra no son iguales.
Si bebes, no conduzcas
Todo comenzó durante una conversación familiar. Pablo Páramo explica que un día en su casa alguien habló de los alcoholímetros que hay en algunos centros comerciales, que únicamente indican al conductor el grado de alcohol en sangre. «Pensé que eso solo era una tontería. Que sería mejor conectarlo a la barrera del párking para que no se abriera. Y mi hermano dijo ¿y por qué no ponerlo en el coche?». Así comenzó este joven de 16 años a diseñar un sistema que al detectar alcohol en sangre no deje ni encender el motor. «Lo que más me costó al principio fue conseguir que el sensor de color reconociera el alcoholímetro, porque es milimétrico», explica. Para confeccionar su sistema ha aprovechado piezas de Lego y un pista de coches. «Estuve casi toda una madrugada trabajando para conectar el Lego al móvil, tuve que desarrollar la aplicación desde cero y conseguir meter todos los comandos. No sabía cómo funcionaba el envío de bits y tuve que estudiar sobre ello». Y es que su proyecto va más allá. Una vez que el coche queda bloqueado, si la prueba de alcohol es positiva, un sensor conecta el móvil para que pregunte el conductor si quiere llamar a un taxi. En caso afirmativo, acciona directamente el número de teléfono.
«Para mí es un logro personal, hasta que lo hice y conseguí poner todo no paré», afirma. Sobre el futuro que tendrá su proyecto, dice: «Tras presentarlo en Galiciencia, quiero que vaya a otros concursos. Ir mejorándolo y perfeccionándolo. La idea es que esto se pueda poner en los coches de verdad, que se pueda hacer. Hay sistemas que están trabajando en algo parecido pero no hay ninguno comercializado», dice orgulloso de su trabajo.
¿Quieres saber la contaminación que hay en tu barrio?
Ninguna ciudad tiene un aire puramente limpio. La contaminación es uno de los principales problemas de las grandes urbes. Pero, ¿qué pasa en Ourense? Eso se ha preguntado Jimena Soto Fernández, del colegio Maristas. Ha creado una placa electrónica para el control de la contaminación que le permite recoger datos por toda la ciudad sobre la polución y la diferencia que hay en cada zona. Esta joven de 13 años creó tres sensores de gas, sonido y temperatura y confeccionó una placa de arduino. Esto último, afirma, fue lo que más tiempo le llevó. «El otro día fui hasta la Alameda de la capital y había bastante diferencia entre la zona del parque y la de la parada de autobús. Medí el gas y en el parque daba sobre 80 y en la parada casi mil», explica. Mientras el ordenador recoge los datos emiten avisos si hay demasiada polución en el ambiente. En Galiciencia, dice, quiere convencer a la gente de que las zonas verdes en Ourense son importantes. «El transporte es bueno, pero la naturaleza es necesaria», subraya. Esta estudiante de tercer curso de la ESO se preocupó del aire de la ciudad después de que unos familiares de Madrid le comentaran la imposibilidad de llevar el coche al centro de la capital.
Cómo eliminar las bacterias del dinero o los elementos tóxicos del hogar
El colegio San José estará representado en Galiciencia por tres equipos con proyectos muy pegados al día a Día. Carla Pereira y Ainhoa Rúa se han preguntado por el dinero y la carga bacteriana que acumulan los billetes y monedas que pasan de mano en mano, y de cómo reducirla. «Lo primero que hicimos fue frotar el dinero con unos hisopos, y preparamos cultivos caseros con caldo de pollo y gelatina que echamos en unas placas para luego frotar los hisopos y esperar que surgieran las bacterias. Luego reciclamos una cartera vieja, la recubrimos de cobre puro, que es un material antibacteriano, y metimos un billete. Descubrimos que al cabo de 24 horas se reducía su carga bacteriana un 86 %», cuentan las autoras del proyecto. En el proceso, Carla y Ainhoa descubrieron que los billetes que tienen más bacterias son los de 5, 10, 20, 50 y 100 euros «que son los que más se utilizan en la vida cotidiana; mientras que los de 200 y 500 tenían menos». En las monedas descubrieron que las de cobre tienen también menos carga bacteriana. «Debería de fomentarse los servicios de pago electrónico y que la gente se habitúe a lavarse las manos antes y después de tocar el dinero», concluyen las alumnas.
Jorge García y Tatiana Quintas se preocuparon por los compuestos orgánicos volátiles, muchos de ellos tóxicos, que hay en muchos productos de higiene personal, cosméticos y limpieza del hogar, como el formaldehído. «Pueden causar desde infecciones a patologías más graves como el cáncer», explican. Tomaron muestras e hicieron pruebas en un ambiente controlado e introdujeron plantas, como potos y cintas, para comprobar si era posible eliminar la concentración de ese y otros compuestos de los hogares utilizando un sistema de circulación de aire a través de sus raíces. El experimento resultó un éxito. «Es bueno tener plantas en esas estancias en las que hay más concentración de estos productos, como cocinas o baños», resumen los investigadores.
Paula Touza y Soraya Vázquez investigaron sobre la capacidad de algunas plantas de biosintetizar compuestos químicos que pueden afectar a otras especies, y se centraron en cómo utilizarlos para fabricar herbicidas. Realizaron varias pruebas prepararon un test de germinación con infusiones hechas con hojas de coníferas. «Nuestro informe dice que es posible elaborar ese herbicida ecológico», sentencian.
Una visión diferente en el eterno debate entre energía nuclear o de renovables
Lucas Pardo Pardo e Ismael Fernández Corderí, alumnos de 4º de la ESO del IES Castro de Baronceli de Verín, van a protagonizar en Galiciencia uno de los debates más interesantes de los últimos tiempos sobre la eterna disputa entre la energía nuclear y las alternativas de producción con fuentes renovables.
Aunque pueda parecer que todo está dicho en este tema, ellos han descubierto un nuevo aspecto que podría aportar razonamientos distintos a los habituales. Se centran en el torio, un metal radiactivo sólido, que tiene potencial para convertirse en fuente de energía nuclear. Cuentan que todo comenzó cuando, de forma casual, cuando encontraron en una revista científica un artículo en el que se explicaba que el torio es tres veces más abundante que el uranio. La pregunta les surgió espontánea: ¿Por qué en las centrales nucleares se usa todavía más el uranio que este otro mineral? Fue entonces cuando se animaron a iniciar la investigación y calcular las ventajas e inconvenientes de utilizar energía nuclear basada en torio, un elemento que tiene una capacidad de producir energía 250 veces mayor que el uranio y que, según aseguran en su investigación, tiene más ventajas. A la luz de esas conclusiones, el siguiente paso fue plantearse si la incorporación del torio va la producción nuclear, podría hacer oscilar la balanza o cambiaba la perspectiva del debate entre la esta y la generación con energías renovables. «Aínda non se sabe quen poderá máis. O debate en Galiciencia consistirá precisamente en confrontar as ventaxas e inconvintes das renovables coas que tería a producción de enerxía nuclear con torio», explica Lurdes Gómez Rodríguez, la profesora del IES Castro de Baronceli que ha tutelado este trabajo de investigación de los dos jóvenes. La cita, sin duda, promete ser interesante.